sábado, 2 de febrero de 2008

El aborto en Holanda: la otra cara.

(Extraido de Aceprensa)


En Holanda comienza a hablarse del síndrome post aborto.
Cada año se practican unos 30.000 abortos en Holanda y apenas se habla de ello. Se silencia que algunas mujeres sufren ataques de ansiedad, depresión y remordimientos. La edición de Amsterdam de Metro (25 enero 2008) se ha decidido a hablar de “La otra cara del aborto”, con un amplio reportaje con testimonios de estas mujeres.
Fecha: 30 Enero 2008

Las mujeres que abortaron suelen intercambiar sus sentimientos en foros de Internet. Marijke Veerman, redactora del citado diario, entrevistó a unas veinte jóvenes que sufren las consecuencias de abortos practicados en 2007. Sarah, de 19 años, Amanda y Brit, que tenía 18 años cuando abortó, cuentan los motivos que las indujeron, la inseguridad con la que llegaron a la clínica y el poco apoyo que recibieron en ésta, aun cuando daban señales de no estar absolutamente seguras de su decisión.
A Sarah fue el novio quien la animó a abortar. Provenía de una familia turca que nunca le hubiera perdonado tener un hijo fuera del matrimonio. “Mi amor por mi novio era entonces más grande que por la criatura, así que acepté, cuenta Sarah. Ahora me pregunto: ¿cómo habría sido el niño?, ¿cómo habría ido todo? Le pido por favor a toda mujer que dude, que no vaya a la clínica. Nunca te lo perdonarás”.

El reportaje cita una investigación realizada en Nueva Zelanda que siguió a un grupo de mujeres de 15 a 25 años. El 42 por ciento de las que habían abortado antes de los 25 años (cfr. Aceprensa 6/06) tenían serios problemas psíquicos, el doble de las que nunca lo habían hecho. Gert-Jan Noorman, de la fundación de protección de los no nacidos VBOK, reconoce este efecto post aborto: “A nuestra asociación acuden jóvenes descontentas, con sentimientos de culpabilidad y depresiones. Nosotros lo llamamos síndrome post aborto. A veces ocurre inmediatamente después del aborto, otras más tarde, cuando la mujer se da cuenta que habría podido vivir con ese hijo”.

Un motivo de que este tema siga siendo tabú, lo achaca Laura van Lee, investigadora de la fundación Rutger Nisso Group, a que el actual gobierno quiera reformar la legislación sobre el aborto. “Médicos y partidarios del aborto temen que los testimonios sobre efectos negativos del aborto puedan llevar a limitarlo e incluso a prohibirlo”, reconoce Lee, cuya fundación más bien promociona el aborto que lo desaconseja. Añade también que por orden del Ministerio se está llevando a cabo una investigación sobre la legalidad del modo de actuar de las clínicas, a la que seguirá otra sobre las consecuencias del aborto. La ley actual permite abortar hasta la semana 22 del embarazo.

Brit reacciona de modo positivo: “Yo creo que si me hubiesen preguntado más, hubiera dicho que dudaba, pero no lo hicieron. Espero que algo cambie en las clínicas y que se tomen decisiones bien meditadas. Para mí ya es tarde. Tendré que seguir viviendo sin mi hijo”.

jueves, 31 de enero de 2008

Congreso mundial en el Vaticano sobre la mujer



CIUDAD DEL VATICANO, jueves, 31 enero 2008 (ZENIT.org).- Ya se ha publicado el programa del congreso que la Santa Sede organiza sobre la mujer dedicado a conmemorar los veinte años de la carta apostólica «Mulieris dignitatem» de Juan Pablo II.

El congreso, titulado «Mujer y varón, la totalidad del humanum», tendrá lugar en Roma del 7 al 9 de febrero.

El congreso, afirma a Zenit Rocío Figueroa, responsable del sector mujer del Consejo Pontificio para los Laicos (www.laici.org), quiere «realizar una auténtica promoción de la mujer» y se va a hacer «comprendiendo lo femenino a partir de una antropología que recupere el valor de la persona y ponga de relieve la relacionalidad entre femenino y masculino».

La primera jornada del Congreso estará dedicada a una visión histórica de la presencia de la mujer en la Iglesia.

En un primer momento, después de que el cardenal Antonio Cañizares, arzobispo de Toledo y primado de España, haga un balance de los veinte años transcurridos desde la «Mulieris dignitatem», Hanna Barbara Gerl-Falkovitz, catedrática de Filosofía de las Religiones y de Ciencia de la Religión comparada en la Universidad Técnica de Dresde, reflexionará sobre el nexo y la continuidad entre la actitud de Cristo hacia las mujeres con la de la comunidad cristiana primitiva.

«Hoy somos testigos de cómo la historiografía está realizando una revisión metodológica de su objeto y su método con el fin de captar una visión más universal y unitaria del peregrinar humano», explica Figueroa.

El Congreso, a través de un panel que se dedicará al cristianismo y la promoción de la mujer, buscará analizar tanto «el aporte que mujeres concretas han dado a la Iglesia y al mundo» como «la contribución del cristianismo en la promoción de la mujer», añade este laica del Pontificio Consejo para los Laicos.

Antonia Bel Bravo, española y catedrática de historia moderna; Angela Ales Bello, catedrática de filosofía en la universidad lateranense; y Jack Scarisbrick, inglés, catedrático de historia en la Universidad de Warwick, mostrarán cómo la historia de la Iglesia, con su pléyade de mártires, santas, doctoras, educadoras, fundadoras, ayuda a comprender el verdadero sentido teleológico de la historia humana.

El panel contará también con la presencia de Grazia Loparco, catedrática de historia de la Iglesia en la Facultad de Pedagogía Auxilium en Roma y Carlota Rava, argentina, catedrática de teología espiritual en la Universidad Lateranense.

El aporte teológico y antropológico que diera Juan Pablo II en la «Mulieris dignitatem» se desarrollará en dos conferencias. La primera dedicada a los relatos de la creación y a la relación entre persona, naturaleza y cultura será dada por Blanca Castilla de Cortázar, española y doctora en filosofía y teología, especialista en temas de mujer.

La segunda ponencia buscará ahondar en la relación entre hombre y mujer con el título «Mujer y hombre: creados el uno para el otro». Esta conferencia estará a cargo de Atilio Danese y Giulia di Nicola, ambos italianos y docentes de antropología y sociología respectivamente.

Frente al desafío de aplicar las profundas intuiciones de Juan Pablo II, se dedicará un panel para afrontar los «Problemas y tendencias culturales contemporáneas», donde se contará con la presencia de Janne Haaland Matlary, antigua ministra de Relaciones Exteriores en Noruega y catedrática en la Universidad de Oslo, que reflexionará en torno a la mujer en el mundo del trabajo.

Paola Bignardi, antigua presidente de la Acción Católica Italiana y actualmente coordinadora del Forum Internacional de la Acción Católica, abarcará el tema de la misión de la mujer y su presencia y responsabilidad en la Iglesia y en el mundo.

Rocío Figueroa avanza que «en el Congreso participarán 260 delegados de 49 países, 40 conferencias episcopales, representantes de 28 movimientos y 16 asociaciones internacionales femeninas católicas, así como religiosas y mujeres líderes en los diversos ámbitos de la cultura. Esta gran diversidad y representatividad será un signo que marcará nuestro encuentro dando al Congreso un fuerte acento universal y una expresión de la catolicidad de la Iglesia».

La tercera jornada estará dedicada a analizar a través de los debates y de los grupos de trabajo la situación de la mujer en los distintos contextos geográficos.

Por un lado, se tratará de reflexionar en torno a los desafíos y problemas que las mujeres han de enfrentar y por otro lado se buscará ahondar en las oportunidades, los dones y valores que las mujeres pueden otorgar en un contexto cultural particular.

En esta misma jornada se trabajará para proponer acciones concretas o iniciativas que puedan ser promovidas para mejorar y alentar la promoción de la mujer.

«Este Congreso no es el final de una etapa sino más bien el inicio de futuras iniciativas que el Consejo Pontificio para los Laicos quiere promover», puntualiza Figueroa, que es doctora en teología.

«Estamos seguros de que de los grupos de trabajo y de estos días de intensa reflexión brotarán ideas, iniciativas que respondan a las exigencias de las mujeres en los distintos lugares. Y por qué no pensar en un futuro a un Congreso con participación virtual...», piensa a voz alta.

Por Miriam Díez i Bosch

Crítica de libro: Cuando las mujeres hayan desaparecido.

Artículo publicado en Aceprensa, 30-01-08.
Ecografía y aborto seguro se suelen presentar como actos médicos que suponen un progreso para las mujeres. En Asia, sin embargo, es una combinación letal, que se está utilizando a gran escala para eliminar a millones de niñas. Hasta tal punto que hay ya un desequilibrio de sexos en gigantes demográficos como India y China. Ante esta deriva inesperada del derecho al aborto, es significativa la reacción de organizaciones que trabajan a favor de los derechos de las mujeres.

Firmado por Ignacio Aréchaga
Fecha: 30 Enero 2008

En una población normal, nacen aproximadamente 105 niños por cada 100 niñas, proporción que después se equilibra por la mayor mortalidad masculina. Pero en Asia es distinto. En la India, nacen 112 niños por cada 100 niñas. En consecuencia, según el censo de 2001, hay 93,3 mujeres por cada 100 hombres. Esto supone un déficit de unos 35 millones de mujeres, que nunca se había alcanzado en el país. Además el déficit es más acentuado en las generaciones más jóvenes, lo que indica que la eliminación de niñas se está acelerando.
La misma evolución hacia una sociedad más masculina se advierte en China. Allí nacen 117 niños por cada 100 niñas. En el censo de 2000 había aproximadamente 36 millones menos de mujeres que de hombres, dentro de una población total de 1.300 millones. Pero la eliminación de niñas podría ser incluso mayor, habida cuenta de que no pocas nacen y mueren sin ser registradas.

El fenómeno, aunque menos acentuado, se observa también en otros países de la región, como Taiwán, Bangladesh, Pakistán, Afganistán, con poblaciones anormalmente masculinizadas. Corea del Sur, donde todavía nacen 107,4 niños por cada 100 niñas, es el primer país asiático donde la desproporción está declinando desde 2002. En cambio, un dato significativo: hay una auténtica paridad en el único país católico de la zona, Filipinas, donde el aborto no está legalizado.

La tiranía de la dote

¿Por qué en Asia se da esta preferencia por el varón hasta llegar al aborto y al infanticidio selectivo de niñas? Junto al tradicional orgullo por tener un hijo varón, que transmitirá el nombre del padre y se ocupará de sus ritos fúnebres, hay una razón económica poderosa: una hija, al casarse, se va de casa de sus progenitores y pasa a formar parte de la familia de su esposo, mientras que un hijo varón es durante toda la vida el pilar en el que se apoyan sus padres, sobre todo en la vejez, en países donde la protección social es débil. Una hija es una carga, y más si hay que casarla con dote; un hijo, una inversión útil.

La situación que lleva al aborto selectivo de las niñas está bien descrita en el reciente libro de Bénédicte Manier Cuando las mujeres hayan desaparecido1, que se centra sobre todo en lo que ocurre en la India.

En la India la dote, que en su origen era algo que los padres daban a la hija porque no iba a heredar tierras, ha pasado a ser una cantidad pagada al esposo y a la familia política. En los últimos tiempos, para buena parte de la nueva clase media, la dote se ha convertido en la ocasión para una exigencia creciente de regalos, dinero, electrodomésticos... A menudo se chantajea a la familia de la novia con rechazar el matrimonio, e incluso después de la boda la familia del novio puede seguir pidiendo más. Sin dote, las posibilidades de casarse son casi nulas. En teoría, la dote es ilegal desde 1961, pero sigue plenamente implantada en las costumbres.

Una paradoja de la prosperidad

Contra lo que cabría esperar, el rechazo de las niñas y el recurso al aborto no hay que imputarlo a la pobreza, al subdesarrollo y al analfabetismo, sino a la prosperidad. Los grupos sociales más hostiles a las niñas no son los pobres, sino las clases medias, para las cuales el coste de la boda y la dote de la hija constituyen un obstáculo para su ascenso social. Por eso, no es extraño que la proporción de nacimientos de niñas sea menor en los barrios acomodados que en los populares, en las ciudades que en el campo, en los estados más ricos del norte que en los de menor renta. “Casi cabría decir –escribe Manier– que un feto femenino tiene algunas oportunidades más de venir al mundo en un barrio de chabolas del medio rural que en un barrio de clase media”.

En China, la tradicional preferencia por el varón se ha acentuado por la política del “hijo único”, impuesta obligatoriamente desde 1979 con medidas coercitivas (vigilancia de los embarazos, sanciones económicas, abortos forzosos...). Pero las parejas chinas enseguida interpretaron la política del hijo único como la del varón único. Y aunque en el medio rural se permitió luego tener una segunda criatura si la primera había sido niña, el aborto selectivo de niñas sigue dándose a gran escala.

Sinergia funesta

A pesar de que en la India el déficit de mujeres se advirtiera ya en los primeros censos al comienzo del siglo XX, la actual eliminación masiva de niñas es fruto de la “sinergia” entre la preferencia tradicional por el varón y otros factores asociados a la modernidad: el mayor control de la natalidad, la legalización del aborto y el conocimiento del sexo del feto mediante la ecografía.

Tanto en la India como en China, el control de la población ha sido objeto de intensas campañas, a menudo con medidas coercitivas, que han reducido mucho la fecundidad. Las mujeres tienen hoy día una media de 2,9 hijos en la India y 1,6 en China. Pero uno de los efectos de la natalidad planificada es que hay más intolerancia hacia los fetos femeninos.

Así lo explica uno de los testimonios recogidos en el libro: “Antaño, tenías descendencia hasta que por fin llegaba un varón. Luego apareció la planificación familiar (...) y ahora solo hay que tener dos. Así que, si el primero es niña, el segundo necesariamente tiene que ser niño. Y haces todo lo necesario para conseguirlo, abortando los fetos siguientes si son niñas”.



Ecografía + aborto

La ecografía permite ahora conocer el sexo del feto a partir de la decimosexta semana. Y como el aborto, legal en la India desde 1971, está permitido hasta la vigésima semana, hay tiempo de eliminar a la niña indeseada. A las ecografías que conducen al aborto selectivo se les denomina eufemísticamente por las siglas “SD” (iniciales de Sex Detection), de modo similar a como el aborto se denomina aquí IVE.

Para luchar contra el aborto selectivo de niñas, en 1994 se prohibió el diagnóstico prenatal del sexo. Pero no se puede prohibir que un servicio de ginecología haga ecografías, y en la India hay más de 30.000 clínicas de este tipo registradas, y otras muchas clandestinas, donde no hay ningún problema para conocer el sexo del feto. De este modo, ha surgido un negocio muy lucrativo para estas clínicas, que proponen forfaits de “ecografía+aborto” por entre 5.000 y 10.000 rupias (de 95 a 190 euros).

Según las estadísticas oficiales, cada año se realizan en la India 600.000 abortos. Pero los demógrafos aseguran que hay muchos más abortos no declarados. Un estudio publicada en The Lancet a comienzos de 2006, estimaba que cada año 500.000 niñas eran víctimas del aborto.

El aborto “desvirtuado”

Las organizaciones feministas que, como la autora del libro, defienden el derecho al aborto, ven con angustia que se ha convertido en un arma contra las mujeres. Y, aunque evitan utilizar un lenguaje afín al de los grupos pro vida, no pueden evitar que muchas de sus reacciones y propuestas se asemejen.

Hay que ir a la India para oír decir a una feminista: “Es sencillamente el grado máximo de violencia contra las mujeres: el que les niega el mismísimo derecho a nacer”. Sin cuestionar el aborto, lo que las feministas condenan allí es que la ecografía y la interrupción del embarazo, que supuestamente deberían representar un progreso para las mujeres, se hayan “desvirtuado” para volverse contra ellas.

Pero, con la lógica del derecho al aborto, poco se puede objetar. Si el feto puede ser eliminado por cualquier motivo (económico, social, psicológico...) que le haga indeseable para la mujer, ¿por qué no por razón del sexo? Las mujeres indias, al igual que sus maridos, prefieren hijos varones, a los que no hay que dar una dote, entre otras cosas.

El negocio de las clínicas privadas

En la India, las organizaciones feministas no tienen palabras suficientemente fuertes para descalificar a las clínicas que se lucran con los abortos selectivos de niñas. En el libro de Manier se denuncia “la impunidad generalizada de una clase médica” que vive de “esta industria multimillonaria”. El comportamiento de los médicos que utilizan la ecografía para los abortos selectivos es calificado como “ilegal, inmoral y contrario a la ética médica”.

Por eso piden que se obligue a las clínicas a cumplir la ley y reclaman sanciones más duras. Ya en 2001 se reforzaron las penas por abortos selectivos: multas elevadas y hasta cinco años de prisión para los médicos, embargo del aparato de ecografía, suspensión del ejercicio de la medicina y prohibición de ejercer en caso de reincidencia.

Pero, como suele alegarse en el caso del aborto clandestino, si las ecografías para saber el sexo no son legales, siempre se hará lo mismo por la puerta de atrás. La realidad es que el aborto ha entrado en las costumbres, y estas leyes se quedan en papel mojado.

Cruzada selectiva

Junto a las sanciones legales, las organizaciones que luchan contra el aborto selectivo en la India proponen también una serie de medidas que erradiquen las causas del rechazo de las niñas: abolir la dote, un seguro para que los progenitores no dependan en la vejez de la asistencia de un hijo varón, el acceso de las mujeres a empleos que les den una autonomía económica y contribuir así en términos de igualdad a la renta familiar, acceso a la herencia... En definitiva, lo que está en juego es un cambio en el estatus de las mujeres, que pasa por una transformación de las mentalidades.

Pero la gran mayoría de la sociedad india, reconoce Manier, permanece insensible ante este problema de la discriminación prenatal. La autora lamenta incluso que “en el plano religioso, no se ha pronunciado ninguna excomunión”, y las condenas emitidas por las autoridades religiosas (cristiana, sij, musulmana...) surten escaso efecto.

Algunas ONG han decidido luchar contra la eliminación de las niñas con acciones que si las utilizara un grupo pro vida causarían escándalo. “En los pueblos de Tamil Nadu –cuenta Manier– se han creado comités de vigilancia denominados sangam, que llevan un registro de los embarazos en curso en cada aldea y amenazan con denunciar a las familias a la policía en caso de que la madre aborte un feto femenino, de que cometan un infanticidio neonatal o de que se produzca una muerte prematura sospechosa de una niña”.

Si esto no es una “cruzada antiabortista”, se le parece mucho. Pero sería más convincente si no fuera tan selectiva, y abarcara a los dos sexos.

Porque, ante el libro de Bénédicte Manier, que respira indignación moral en muchas de sus páginas, es inevitable plantearse una pregunta: si en vez de haber en Asia, por obra del aborto selectivo, un déficit de cien millones de mujeres, faltaran 50 millones de niñas y 50 millones de niños, ¿ya no habría ningún problema?

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(1) Bénédicte Manier. Cuando las mujeres hayan desaparecido. Cátedra. Madrid (2007). 187 págs. 16 €. T.o.: Quand les femmes auront disparu. Traducción: Magalí Martínez Solimán.

martes, 29 de enero de 2008

Influencia de los hijos en la trayectoria profesional de la mujer



Los hijos influyen más en la vida profesional de la mujer

Firmado por Aceprensa
Fecha: 23 Enero 2008

¿Cómo repercute el número de hijos en la vida profesional del padre y de la madre? En Francia, según un estudio del Instituto Nacional de Estadística (INSEE), influye mucho más en las madres que en los padres. En España, una encuesta del IESE entre directivos muestra que, a la hora de tomar decisiones sobre la trayectoria profesional, el equilibrio personal/familiar es el criterio predominante entre las directivas.

El estudio francés, cuyos autores son Olivier Chardon y Fabienne Daguet, revela que en el caso de los hombres de 25 a 49 años el tener uno o más hijos o el no tenerlos apenas influye en la tasa de actividad laboral, que se mantiene siempre por encima del 93,5%.

En cambio, en el caso de las mujeres, la permanencia o el abandono del trabajo profesional depende mucho del número de hijos. Las mujeres solteras sin hijos trabajan tanto como los hombres, e incluso tienen superior titulación y sufren menos el paro. Cuando empiezan a tener hijos su situación laboral se ve afectada. Si tienen un hijo, su tasa de actividad pasa al 89,1%; con dos, al 84,8%. Y lo que marca realmente la diferencia es la llegada del tercer hijo, cuando la tasa de actividad cae al 66,2%.

En Francia, de las mujeres nacidas en 1960, el 31% han tenido tres o más hijos, y la actual tasa de fecundidad es de 1,98 hijos por mujer, la más alta de Europa junto con la de Irlanda.

Junto al número de hijos, otro factor que influye en la permanencia en el mercado laboral es el nivel de cualificación. Con tres hijos, el 80% de las mujeres con título universitario siguen trabajando, frente al 50% de las no diplomadas.

También influye la posibilidad de acogerse al permiso parental, por el que uno de los padres puede interrumpir el trabajo hasta tres años para cuidar de sus hijos a partir del segundo, percibiendo un subsidio de 530 euros por mes. En el 98% de los casos es la madre la que pide el permiso. Entre las beneficiarias (unas 500.000), las más numerosas son las que tienen una posición menos ventajosa en el mercado laboral.

El 40% de las mujeres que piden el permiso declaran hacerlo por tener horarios de trabajo incompatibles con sus responsabilidades familiares, y el 37% por no haber encontrado una solución para la custodia de los hijos. Menos de uno de cada diez niños tiene plaza en una guardería.

Las decisiones de los directivos españoles

Una encuesta entre directivos españoles, realizada por el Centro Internacional Trabajo y Familia del IESE, revela los distintos criterios de hombres y mujeres a la hora de tomar decisiones sobre la trayectoria profesional. Los encuestados, un 67% hombres y un 33% mujeres, procedían de todos los sectores de la actividad profesional. La mitad eran directores de departamento y un tercio, directores generales. El número medio de hijos es superior en los hombres.

Entre las mujeres, el criterio dominante al elegir la trayectoria profesional es el equilibrio personal y familiar, seguido del reto que supone el nuevo trabajo; entre los hombres, esos criterios y la promoción profesional son los mayoritarios.

Entre las situaciones de posible conflicto entre trabajo y familia, la más frecuente es la baja por maternidad/paternidad. La reducción de jornada para cuidar de los hijos es la menos frecuente.

Las dificultades para conciliar trabajo y familia las viven con mayor frecuencia las mujeres, excepto las relacionadas con el cuidado de los padres.

Respecto a los apoyos en el cuidado de personas dependientes, para los hombres el apoyo principal es su mujer, mientras que para las mujeres lo es la empleada del hogar.

Muchos directivos con hijos en edad escolar tienen a menudo la sensación de que dedican poco tiempo a sus hijos, a causa de la dedicación profesional. Por tanto, los autores del estudio, dirigido por Nuria Chinchilla, concluyen que las políticas familiarmente responsables en las empresas deben apoyar no solo a las mujeres que trabajan, sino también a los padres de familia, ayudándoles a conseguir un mejor equilibrio entre vida profesional y familiar.

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Referencias

– Insee Première n. 1171 (enero 2008), “Enquêtes annuelles de recensement 2004 à 2007. L’activité des femmes est toujours sensible au nombre d’enfants.” (http://www.insee.fr/fr/ffc/ficdoc_frame.asp?ref_id=ip1171).

– “Trayectoria, conciliación y rol de los directivos” (2008) (http://insight.iese.edu/es/doc.asp?id=770&ar=13)

miércoles, 23 de enero de 2008

Jeanne Moreau: la señora de las ocho décadasLa



La actriz francesa llega hoy a su ochenta aniversario en pleno dominio de sus facultades artísticas y una carrera activa, ejemplo de coherencia como pocos en el cine mundial.

Trabajó con todos los grandes menos con el Doctor Mureau.
Ojos, rostro y sonrisa de Jeanne Moreau son símbolo del mejor cine de arte de Francia. Con el paso de los años, el público ha sido testigo en pantalla del paso de su juventud a su vejez con una dignidad y coherencia que pocas actrices han logrado combinar. Moreau ha estado presente en los mejores momentos del cine francés, desde el surgimiento de la Nueva Ola hasta sus manifestaciones actuales. Una vida empapada en arte.Nació el 23 de enero de 1928 (es Acuario) en París, hija de un restaurantero y una bailarina del Follies Bergere. Estudió en el Conservatorio de París y a los 19 años se enfocó en el teatro y fue actriz protagónica en la compañía de la Comedia Francesa. Pero el cine sería el arte donde desarrollaría talento y fama. Empezó con papeles pequeños hasta que, cuando tenía 30 años, Louis Malle la lanzó a la fama nacional con Ascensor para el cadalso y la controvertida Los amantes (ambas de 1958).
Fue una de las actrices representativas de la Nueva Ola al participar en Los 400 golpes (Truffaut, 1959) y Una mujer es una mujer (Godard, 1961), lo que le permitió trabajar con directores como Peter Brook (Moderato cantabile, 1960), Orson Welles (El proceso, 1962; Melodía inmortal, 1968), Antonioni (La noche, 1961) y Buñuel (Diario de una recamarera, 1964). El reconocimiento internacional vino cuando dio vida a la desenfadada Catherine en Jules et Jim (Truffaut, 1962). De golpe la mujer vital, amante de la vida y dueña de su sexualidad, arquetipo de los años 60, tenía rostro: Jeanne Moreau. “Jules et Jim no fue sólo un momento especial de mi carrera sino de mi vida. La cambió y de ella se derivó un período muy grande de felicidad y aprendizaje. Fluían amor, amistad, originalidad, que se combinaban con la potencia del cine”, declaró en 2002. “La hicimos entre 22 personas e inclusive puse dinero. Éramos jóvenes y libres, sin ambición de fama o dinero porque creíamos en el sentimiento que animaba a Francois: el amor.
Desde entonces, en mi carrera, he preferido estar con la minoría que expresa la verdad. Y la verdad reside sólo en los deseos de las personas. Por eso Jules et Jim es un filme moderno, típico del siglo XX: se reconocen las exigencias sexuales y amorosas del ser humano. Por eso parece ser que lo que se recuerda es su sentido de libertad y no su final trágico. El cine antes de la Nueva Ola se interesaba sólo por la esfera emocional masculina. Con nosotros cambió el punto de vista”.Su filmografía muestra que ha sido fiel a su propia ética al trabajar con los mejores, como Tony Richardson (Mademoiselle, 1966), Truffaut (La novia vestía de negro, 1968), Blier (Les Valseuses, 1974) y Losey (Klein, 1976). También expuso esa verdad como directora y guionista en Lumière (1976), La adolescente (1979, con Simone Signoret) y en el homenaje personal a una de sus precursoras en su documental Lillian Gish (1983). De las últimas cintas que se le han visto en México se le recuerda, ya madura, en Nikita (Besson, 1990) y Tiempo de vivir (Ozon, 2005). En la última, actriz y personaje se entrelazan ante la muerte e intuimos la voz de Moreau. Romain, con cáncer terminal, explica que no sólo es por cariño que le cuenta la verdad de su enfermedad a su abuela (Moreau): “Eres como yo. Morirás pronto”. Con humor negro, al revisar las medicinas que toma, ella le contesta: “Con todo esto moriré muy sana”.
En síntesis, siempre una mujer fuerte.“Nunca tuve la impresión de que se me viera como objeto (sexual), aunque algunas escenas que hice eran muy fuertes. Al contrario, siempre tuve la impresión de que los directores dejaron que hablara mi feminidad. Ésta era tan fuerte que a los directores les daba miedo lo que sacaba de mí pero se atrevían porque querían saber sobre las mujeres. Lo agradecía porque yo también quería saber de las mujeres”.Sobre su edad ha dicho: “Creo que lo más sorprendente, para una mujer de mi edad, es el hecho de que aún puedo cambiar al ritmo en que cambia el mundo… y cambiar muy, muy rápido. Creo que mi madre no tuvo esa oportunidad de cambiar”. Palabras que definen con claridad su vida plena.

Noticias de libros: "Una revolución silenciosa"


Gracias a buena parte del movimiento feminista la mujer es un sujeto de pleno derecho en el mundo occidental. Sin embargo, las mujeres empiezan a no reconocerse en un feminismo radical, que elimina las distinciones entre masculinidad y feminidad, y pretende que el género de las personas sea el que ellas elijan, sin condicionamientos biológicos. Jesús Trillo-Figueroa analiza esta ideología en su libro Una revolución silenciosa: la política sexual del feminismo socialista1. Aceprensa ofrece una selección de párrafos.
Firmado por Jesús Trillo-Figueroa Fecha: 23 Enero 2008
La primera revolución sexual tenía por objetivo la liberación sexual; es decir, la eliminación de todas las represiones que, según los partidarios de la revolución sexual, la sociedad había impuesto a través de normas morales y de prohibiciones a la práctica de la sexualidad, para llegar a conseguir la generalización del amor libre. La sexualidad era básicamente una relación biológica, psíquica y somática, pero una relación natural.
La que llamamos segunda revolución sexual parte de la idea matriz, expuesta por Kate Millet, en virtud de la cual, la sexualidad, la relación sexual, expresa una idea de poder, una relación política. La primera revolución transformó la política en sexo; esta segunda ha transformado el sexo en política, convirtiéndola en política sexual. (...)
Foucault y la represión
Michel Foucault vino a decir que la historia es un “continuo” de prácticas represivas realizadas a través de instituciones creadas por el poder para controlar y dirigir la sociedad. Tales instituciones son el manicomio, la cárcel, o la sexualidad. Para él, “el sexo es algo que ha habido siempre” (...); lo que es una invención reciente es la sexualidad, que en su opinión aparece en el siglo XVIII y debe entenderse como el conjunto de “prácticas, sobreentendidos, palabras, miradas, normas, reglas y discursos relacionados con el deseo, la genitalidad, etc.”.
Foucault rechaza la tesis de la represión porque, en su opinión, “aunque el discurso sea represor, produce materialidades: exacerba el deseo”. (...) En conclusión, al poder le interesa que haya deseo exacerbado y haya delitos, para seguir manteniéndose en el chollo; todo esto es lo que llama “la astucia del poder”. Las tesis de Foucault, desde el punto de vista ético, no son nada nuevas; no son más que una traducción al sexo de la genealogía de la moral de Nietzsche, que estableció el relativismo histórico de la moral. La novedad reside en la ontología, y esto no se debe a Foucault, sino a las feministas.
Una relación de poder
(...) Según Simone de Beauvoir, la mujer no nace, se hace. En ello estaba implícita la diferenciación entre el sexo, como dato biológico, y el “ser mujer”, la función social asignada por la cultura a las funciones propias de cada sexo, que posteriormente se daría en llamar género. Kate Millet va más allá y dice que una cosa es el sexo biológico, como condición física y corporal de una persona, y otra cosa es el sexo como práctica del deseo sexual, que ya no es una relación amorosa entre hombre y mujer de carácter natural, sino que se convierte en una relación política, es decir, una relación de poder.
La novedad es que el amor, aunque sea en su versión hedonista de “hacer el amor”, ya no es una relación de naturaleza pulsional, libidinosa, gozosa o espiritual, sino un espacio político en el que se manifiesta una relación de poder. En su historia de la sexualidad, Michel Foucault recoge esta tesis y sostiene que el sexo es el producto de un discurso político concreto correspondiente a una época determinada: “La experiencia de la sexualidad está producida por una génesis histórica concreta”.
Dicho de otra forma: la sexualidad es un producto que el poder dominante en cada época histórica utiliza para controlar la sociedad de su tiempo. Para ello, el poder elabora tecnologías del sexo, que son las técnicas de control que desarrolla para asegurar su mantenimiento. (...) Si a ello añadimos la estructura elaborada por el feminismo de sexo-clase, serán las técnicas sexuales que el patriarcado burgués elabora para controlar a las mujeres. Esta es la clave teórica que da lugar a lo que venimos llamando política sexual.
Como filósofo que es, Foucault trasciende la historia y elabora una nueva ontología en torno a la verdad, que las feministas posteriores captan sutilmente para continuar la labor emprendida por Simone de Beauvoir y las feministas radicales americanas. La argentina Esther Díaz lo expresa bien: “Las verdades no valen por sí mismas, necesitan un poder que las sostenga. El poder de la verdad no es una metáfora. Únicamente se aceptan como verdaderas las proposiciones que obtienen poder de las prácticas sociales” (Esther Díaz, La sexualidad y el poder, Almagesto/Rescate, Buenos Aires 1993). Al cabo, la verdad será lo que diga el poder. (...)
Sexo y género
Las consecuencias derivadas de la idea de que el sexo es un invento artificial, de la cultura o de la política, pueden ser infinitas. (...) En general, lo que de manera inadvertida se ha impuesto es el empleo de la palabra género por sexo, lo cual no es inocente, porque constituye el propósito intencionado de la llamada ideología de género.
La palabra género tenía un uso gramatical, para distinguir entre una palabra masculina, femenina o neutra. El que primero utilizó el término género para referirse al concepto de identidad de género, definido como la conciencia individual que de sí mismo tienen las personas como hombre o como mujer, fue el doctor John Money, de la Universidad John Hopkins de Baltimore, en 1950 (John Money, Desarrollo de la sexualidad humana, Morata, Madrid, 1982).
Según Money, la identidad de género del individuo dependía de cómo había sido educado de niño, y podía resultar diversa del sexo biológico. Sostenía que se podría cambiar el sexo de la persona con la educación; y que a los niños nacidos con órganos genitales ambiguos se les podía asignar un sexo diverso del genético mediante una modificación quirúrgica, que en su opinión debería realizarse antes de los 18 meses, pues de otra forma el sexo biológico podría determinar un cierto rol de género impuesto por la sociedad (ver apoyo, pag.4).
Así nació también el concepto de género como “rol”, o conjunto de funciones que la sociedad asigna a cada uno de los géneros. En 1968, el psiquiatra Robert Stoller publicó una obra llamada Sex and Gender. En ella, popularizó las ideas de Money (...): “El vocablo género no tiene un significado biológico, sino psicológico y cultural. Los términos que mejor corresponden al sexo son macho y hembra, mientras que los que mejor califican al género son masculino y femenino, y estos pueden llegar a ser independientes del sexo biológico”.
Política sexual
Kate Millet, en su obra Política sexual, utilizó el concepto de género expuesto por Stoller para sus finalidades ideológicas, proporcionando a su convicción existencialista de que la mujer se hace, derivada de la influencia de Beauvoir, una fundamentación “científica”. Millet destaca y acentúa la idea de que no tiene por qué existir una correspondencia biunívoca y necesaria entre sexo y género, y, por tanto, sus desarrollos pueden tomar caminos independientes.
Millet escribe: “Lo que llamamos conducta sexual es el fruto de un aprendizaje que comienza con la temprana socialización del individuo y queda reforzado por las experiencias del adulto”. En principio, el género es arbitrario; es el patriarcado, y las normas impuestas por el sistema patriarcal, quien establece el papel de los sexos, pues según esta doctrina, al nacer no hay ninguna diferencia entre los sexos. (...)
¿Perspectiva o ideología?
El término género, que en principio tan sólo sirve para significar un instrumento analítico de las “funciones o roles” que a cada sexo se le asignan por la cultura, la historia, la sociedad y otros factores, era útil metodológicamente para las investigaciones; pues distinguir entre el sexo, asignado por la naturaleza biológica a cada persona, y el género, entendido como la función que la sociedad asigna a cada sexo, permitiría discriminar analíticamente estas, para corregir muchas injusticias que las mujeres sufrían por la asignación de unas funciones que realmente no se correspondían, o se derivaban de una irracional distribución de las funciones sociales en razón de la condición sexual de cada género.
Pero pronto se utilizó un término equívoco de género, como producto exclusivo de la cultura, que ha supuesto una auténtica revolución cultural. La ideología feminista ha transformado la palabra género en razón de sus intereses estratégicos convirtiéndolo en un concepto valorativo que sirve para desnaturalizar el sexo y convertir el género en el significante, en instrumento o “dispositivo” político de dominación.
Las teorías de Money encontraron un gran apoyoentre las feministas radicales, y el libro de Kate Millet Sexual Politics se convirtió en la difusión política e ideológica de sus doctrinas. A lo largo de la década de los 80, el término género se hizo omnipresente en todos los programas de Women Studies, al punto de que nació la disciplina de Estudios de Género, y la antropología de género pasó a ser una rama con pretensiones de disciplina académica.
A partir de aquí, (...) existe una radical escisión entre sexo y género, y entre naturaleza y cultura. Esta es la acepción de género que ha implantado la ideología de género, en la que podemos englobar todas las tendencias feministas derivadas del feminismo radical de la igualdad, del feminismo socialista, que tuvieron un éxito definitivo al conseguir que la Conferencia de las Naciones Unidas sobre la Mujer celebrada en 1995 en Pekín adoptara una resolución en la que se consagró la llamada perspectiva de género. Desde entonces existe una gran confusión respecto de la utilización del término género, y de lo que significa perspectiva de género. En principio, nada tienen que ver la utilización del género por la ideología de género y el uso dado por la ONU o las instituciones europeas.
Una construcción social
La teoría feminista y la ideología de género consideran como dogmas inamovibles, que implican una nueva epistemología –una nueva forma de conocer la realidad–, el hecho de que la sexualidad está necesariamente desligada de su origen natural –que, en el mejor de los casos, considera al sexo biológico como un mero dato– y en consecuencia la sexualidad es una construcción social. Es decir, las personas humanas, según el dato biológico del sexo, nacen machos o hembras, pero la sociedad, con su actividad, construye la sexualidad, convirtiéndolos en hombres y mujeres, y la cultura engendra las ideas de masculinidad y feminidad.
Todo ello conduce al final al orden al que finalmente pertenece la sexualidad: el orden simbólico, el orden del significante. Por eso, a partir de aquí, la sexualidad humana no es una realidad biológica o derivada de la libido, gobernada por leyes naturales o químicas, sino más bien una idea regulada por las leyes del lenguaje de la representación. Todo esto es lo que se llama el triunfo del “construccionismo de género”; es decir, el artificio o invento creado por la voluntad de alguien; frente al “esencialismo de sexo”, que es la creencia de que el sexo lo determina la naturaleza. (...)
Deconstruir el género
A pesar de la teoría y de la corrección política feminista, existe una gran contradicción, porque la realidad es que la teoría feminista anhela un futuro sin género, un futuro sin sexualidad. (...) Se trata de excluir tanto la masculinidad como la feminidad, es decir, de acabar tanto con los sexos como con los géneros: de deconstruir el género mediante la destrucción del sexo y la resignificación del género.
Para ello, existen dos grandes vías en el feminismo de la igualdad: la de la tradición “ilustrada” que, basándose en el existencialismo de Beauvoir y en el igualitarismo radical, opta por suprimir cualquier diferencia entre hombre y mujer, masculino y femenino, y postula lo que llama universalidad, es decir, la total confusión, para desde ahí establecer la sexualidad según el principio de libre elección, en el sentido de que el género de las personas será aquel que elijan libremente en la realización de su existencia; y la de las “posmodernas”, que parte de la tesis estructuralista de que “el sujeto no habla” sino que “es hablado”; es una “posición en el discurso”, “un eslabón en la cadena de significado”, siempre ya constituida; por eso el género será lo que resignifique el discurso.
Por lo tanto ambas posibilidades pasan por la pluralidad de géneros: femenino, masculino, heterosexual, homosexual, lesbiana, transexual, para terminar postulando la desaparición del sexo-género. Para la primera posición, el sexo-género dejará de existir cuando se implanten las condiciones para que la mujer “acceda al estatuto de individuo” y a “la ciudadanía” (...). Para la segunda vía, antihumanista y foucaultiana, el género-sexo desaparecerá “perdido en la parodia” del drag queen y en la transgresión permanente de géneros.
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(1) Jesús Trillo-Figueroa. Una revolución silenciosa. Libroslibres. Madrid (2007). 308 págs. 20 €.

martes, 22 de enero de 2008

Serie denunciada por despreciar a los personajes femeninos.

Una asociación de telespectadores pide la retirada de la serie 'Sin tetas no hay paraíso'

El mundo. martes 22/01/2008 14:31 (CET)

EFE
BARCELONA.- La asociación Telespectadores Asociados de Cataluña (TAC) ha pedido a Telecinco que retire la serie 'Sin tetas no hay paraíso', que emite desde hace dos semanas, y ha expresado su "inquietud" por el título y los roles de los personajes femeninos que se presentan en la serie.
"El trato deslumbrante que se da al mundo de la prostitución y al del narcotráfico, así como a la imposición de tener un cuerpo perfecto para 'encajar' en estos ambientes, hacen que esta serie no sea el mejor referente que las producciones nacionales pueden dar, especialmente, a los más jóvenes; ya que pueden ver este submundo delictivo como algo atractivo", denuncia TAC en un comunicado.
Como alternativa a la retirada, TAC pide a Telecinco un cambio en el título de la serie, "que ha molestado a muchas mujeres operadas de cáncer de mama que nos han dirigido su queja, ya que les hace revivir frívolamente su calvario"; que se señalice para mayores de 18 años, que no se publicite en horario de protección y que se modernicen algunos estereotipos.
La asociación catalana, integrada por más de 17.000 personas, critica el desprecio con que se trata a los personajes femeninos "y con el que se dejan tratar" y se manifiesta en "total acuerdo con el pleno del Ayuntamiento de Las Palmas" de Gran Canaria, que acordó por unanimidad pedir la retirada por promover "estereotipos denigrantes para la mujer" que "suponen un retroceso" social.
"Las mujeres de esta producción están estereotipadas al máximo y se reducen, a excepción de la madre de Catalina y su mejor amiga, a adolescentes ambiciosas que, para huir de su barrio marginal, desean entrar en un mundo de dinero fácil y de lujo, aún a costa de prostituirse", puntualiza el comunicado.
"Estas chicas que tienen, supuestamente, 17 años -por lo que son menores- mantienen relaciones sexuales con hombres maduros y ricos simplemente porque pueden ir con ellos luego a 'fundir' las tarjetas de crédito", apuntan en la nota de prensa.
Según la TAC, además, para reforzar el estereotipo, se alude con frecuencia a la protagonista, Catalina, haciendo referencia a su falta de talla pectoral con expresiones como: "Es así chupadita, como sin tetitas".