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martes, 12 de febrero de 2008

Blanca Castilla de Cortázar apuesta por una antropología de la relación



CIUDAD DEL VATICANO, lunes, 11 febrero 2008 (ZENIT.org).- Juan Pablo II, con su carta «Mulieris Dignitatem», creó un antes y un después en la Iglesia con su visión de la mujer como imagen de Dios. Lo afirmó la teóloga española Castilla de Cortázar en el congreso vaticano sobre «Mujer y varón, la totalidad del humanum» del 7 al 9 de febrero.

«Es la primera vez que en el Magisterio se afirma explícitamente que la mujer, en cuanto mujer, es imagen de Dios», dijo en referencia a la carta apostólica del Papa Karol Wojtyla, publicada hace veinte años.

Así mismo «el cuerpo sexuado es la imagen de Dios», explicitó, «varón y mujer los creó» (Génesis 1, 27): «El cuerpo es expresión de aquello que la persona es en su ser más íntimo», añadió en su ponencia ofrecida ante la cumbre internacional organizada por el Consejo Pontificio para los Laicos.

Blanca Castilla de Cortázar, docente de Teología en el Instituto Juan Pablo II de Madrid, afirmó que «la teología de la imagen manifiesta en los versículos bíblicos «mujer y hombre los creó» la naturaleza del hombre como ser racional y libre».

El tema de su ponencia fue precisamente: «Dios creó al hombre a su imagen, a su imagen los creó, hombre y mujer los creó».

«La amplia novedad de Juan Pablo II --reveló-- es la dimensión relacional que está inscrita en el ser humano. Una relación que supone la perfecta igualdad», reveló esta doctora en teología por la Universidad de Navarra.

«El modo de procrear --ilustró-- presenta en modo plástico la maternidad como una relación diversa a aquella de la paternidad: el hombre al donarse sale de sí mismo y saliendo de sí da a la mujer y su don se queda en ella: la mujer lo hace sin salir de sí, más bien acogiendo dentro de sí».

Estos dos modos de darse son complementarios, de otra manera «el hombre sin la mujer no tendría donde ir y la mujer, sin el hombre no tendría a quién acoger: la diferencia de estas dos relaciones es el ser orientadas una a la otra, esto es lo que da la posibilidad de la unidad entre los dos, si ambos se dieran en la misma dirección irían paralelamente sin encontrarse».

De lo cual se deriva que «el modo de amar y de donarse a los otros es esponsal, la apertura relacional es estructurada esponsalmente», afirmó la ponente.

Blanca Castilla recordó que la carta «Mulieris Dignitatem» es un documento que no solamente habla de la mujer sino que se refiere a una antropología y a la teología.

«La imagen de Dios no solamente se da en cada persona individual sino en el vivir para cada uno, la relación en cuanto que te abre al amor y posibilita la comunión de personas eso también forma no sólo parte de la imagen de Dios sino que es la plenitud de la imagen».

«Cuando dice que el hombre no puede vivir solo sino en la unidad de los dos eso es algo que se ve con mucha claridad en el matrimonio --recalcó Castilla al margen de la conferencia--, pero que luego a lo largo de la historia y de la construcción del mundo -y en la misma Iglesia- se realiza de modos muy diversos de tal manera que la dualidad está presente siempre como fuente de fecundidad».

«Juan Pablo II dice que la imagen de Dios es una imagen trinitaria, es decir que para descubrir a fondo la originalidad de la diferencia hombre y mujer hay que fijarse que en Dios hay una diferencia dentro de la Trinidad que no rompe la igualdad, eso es una afirmación que puede hacer ampliar todos los tratados de la dogmática», reveló.

Estos estudios son «teológicamente una tarea apasionante» y por otra parte «también se ve que hay tareas pendientes aparte de las que con estos principios de la antropología personalista y de la Imago Trinitatis que ha abierto Juan Pablo II él no le ha dado tiempo de explorarlo todo y por tanto hay por ejemplo, haría falta desde esas coordenadas explicar lo que es la analogía esponsal».

«Parece que siempre ha estado jerarquizada --el esposo siempre era Dios o Cristo-- y la esposa la humanidad, entonces realmente si ser esposo y esposa son arquetipos de lo masculino y de lo femenino hace falta reinterpretarlos desde la Imago Trinitatis eso abriría nuevas luces para explicar mejor la eclesiología, es decir prácticamente casi todos los tratados de la Trinidad», explicó la profesora española.

Valorando el congreso antes de su conclusión, dijo que «hay otro punto que hemos puesto estos días en común, que la Filosofía occidental está basada en la prioridad de un uno monolítico diferenciado que no deja a lado el dos, por eso cuando los hombres han hablado de las mujeres pues siempre las han puesto, las han sublimado las han subordinado, pero nunca es una diferencia al mismo nivel y luego cuando las mujeres han querido hacer más su identidad las alternativas son o imitar o suplantar, quitar al otro para poder ponerme yo o anular la diferencia. Y eso en el fondo es un déficit filosófico».

Para corregirlo, «de una cosmovisión que está centrada solamente en el uno haría falta desarrollar una filosofía en la que la díada fuera posible».

En este sentido, la teóloga desearía «una díada con una convivencia pacífica a imagen de la triada divina».

También denunció «la ideología que hoy en día se intenta imponer, que supone decir que la diferencia es irrelevante o la puedo elegir yo a la carta, sin tener en cuenta que el ser humano tiene algo recibido porque nadie se ha hecho a sí mismo».

«Lo más terrible que le puede pasar al hombre es tener una libertad sin tener un proyecto, sin tener un sitio dónde ir, sin tener algo que realizar, entonces la dignidad humana que también se manifiesta en el cuerpo que se manifiesta en la sexualidad --que se manifiesta en ser varón y en ser mujer-- y es no un límite que yo puedo manipular con mi libertad sino que es parte de algo que he recibido y realizándolo conforme a su dignidad es como yo puedo alcanzar la felicidad».

La felicidad, concluyó, «en el fondo es lo que todo el mundo ansía» y que «se consigue no pensando en uno mismo sino pensando desinteresadamente»: «tanto el varón como la mujer tienen un modo de darse a los demás que es distinto y complementario, por eso también es fuente de atracción y sobre todo de fecundidad».

Por Miriam Díez i Bosch

jueves, 31 de enero de 2008

Congreso mundial en el Vaticano sobre la mujer



CIUDAD DEL VATICANO, jueves, 31 enero 2008 (ZENIT.org).- Ya se ha publicado el programa del congreso que la Santa Sede organiza sobre la mujer dedicado a conmemorar los veinte años de la carta apostólica «Mulieris dignitatem» de Juan Pablo II.

El congreso, titulado «Mujer y varón, la totalidad del humanum», tendrá lugar en Roma del 7 al 9 de febrero.

El congreso, afirma a Zenit Rocío Figueroa, responsable del sector mujer del Consejo Pontificio para los Laicos (www.laici.org), quiere «realizar una auténtica promoción de la mujer» y se va a hacer «comprendiendo lo femenino a partir de una antropología que recupere el valor de la persona y ponga de relieve la relacionalidad entre femenino y masculino».

La primera jornada del Congreso estará dedicada a una visión histórica de la presencia de la mujer en la Iglesia.

En un primer momento, después de que el cardenal Antonio Cañizares, arzobispo de Toledo y primado de España, haga un balance de los veinte años transcurridos desde la «Mulieris dignitatem», Hanna Barbara Gerl-Falkovitz, catedrática de Filosofía de las Religiones y de Ciencia de la Religión comparada en la Universidad Técnica de Dresde, reflexionará sobre el nexo y la continuidad entre la actitud de Cristo hacia las mujeres con la de la comunidad cristiana primitiva.

«Hoy somos testigos de cómo la historiografía está realizando una revisión metodológica de su objeto y su método con el fin de captar una visión más universal y unitaria del peregrinar humano», explica Figueroa.

El Congreso, a través de un panel que se dedicará al cristianismo y la promoción de la mujer, buscará analizar tanto «el aporte que mujeres concretas han dado a la Iglesia y al mundo» como «la contribución del cristianismo en la promoción de la mujer», añade este laica del Pontificio Consejo para los Laicos.

Antonia Bel Bravo, española y catedrática de historia moderna; Angela Ales Bello, catedrática de filosofía en la universidad lateranense; y Jack Scarisbrick, inglés, catedrático de historia en la Universidad de Warwick, mostrarán cómo la historia de la Iglesia, con su pléyade de mártires, santas, doctoras, educadoras, fundadoras, ayuda a comprender el verdadero sentido teleológico de la historia humana.

El panel contará también con la presencia de Grazia Loparco, catedrática de historia de la Iglesia en la Facultad de Pedagogía Auxilium en Roma y Carlota Rava, argentina, catedrática de teología espiritual en la Universidad Lateranense.

El aporte teológico y antropológico que diera Juan Pablo II en la «Mulieris dignitatem» se desarrollará en dos conferencias. La primera dedicada a los relatos de la creación y a la relación entre persona, naturaleza y cultura será dada por Blanca Castilla de Cortázar, española y doctora en filosofía y teología, especialista en temas de mujer.

La segunda ponencia buscará ahondar en la relación entre hombre y mujer con el título «Mujer y hombre: creados el uno para el otro». Esta conferencia estará a cargo de Atilio Danese y Giulia di Nicola, ambos italianos y docentes de antropología y sociología respectivamente.

Frente al desafío de aplicar las profundas intuiciones de Juan Pablo II, se dedicará un panel para afrontar los «Problemas y tendencias culturales contemporáneas», donde se contará con la presencia de Janne Haaland Matlary, antigua ministra de Relaciones Exteriores en Noruega y catedrática en la Universidad de Oslo, que reflexionará en torno a la mujer en el mundo del trabajo.

Paola Bignardi, antigua presidente de la Acción Católica Italiana y actualmente coordinadora del Forum Internacional de la Acción Católica, abarcará el tema de la misión de la mujer y su presencia y responsabilidad en la Iglesia y en el mundo.

Rocío Figueroa avanza que «en el Congreso participarán 260 delegados de 49 países, 40 conferencias episcopales, representantes de 28 movimientos y 16 asociaciones internacionales femeninas católicas, así como religiosas y mujeres líderes en los diversos ámbitos de la cultura. Esta gran diversidad y representatividad será un signo que marcará nuestro encuentro dando al Congreso un fuerte acento universal y una expresión de la catolicidad de la Iglesia».

La tercera jornada estará dedicada a analizar a través de los debates y de los grupos de trabajo la situación de la mujer en los distintos contextos geográficos.

Por un lado, se tratará de reflexionar en torno a los desafíos y problemas que las mujeres han de enfrentar y por otro lado se buscará ahondar en las oportunidades, los dones y valores que las mujeres pueden otorgar en un contexto cultural particular.

En esta misma jornada se trabajará para proponer acciones concretas o iniciativas que puedan ser promovidas para mejorar y alentar la promoción de la mujer.

«Este Congreso no es el final de una etapa sino más bien el inicio de futuras iniciativas que el Consejo Pontificio para los Laicos quiere promover», puntualiza Figueroa, que es doctora en teología.

«Estamos seguros de que de los grupos de trabajo y de estos días de intensa reflexión brotarán ideas, iniciativas que respondan a las exigencias de las mujeres en los distintos lugares. Y por qué no pensar en un futuro a un Congreso con participación virtual...», piensa a voz alta.

Por Miriam Díez i Bosch

miércoles, 24 de octubre de 2007

¿Puede decirse que Dios es Madre? El Papa responde a esta pregunta en su libro "Jesús de Nazaret"

"No obstante, aunque en el lenguaje plasmado a partir del cuerpo el amor de madre se aplique a la imagen de Dios, hay que decir también que nunca, ni en el Antiguo ni en el Nuevo Testamento, se califica o se invoca a Dios como madre. En la Biblia, «Madre» es una imagen, pero no un título para Dios". (Benedicto XVI, Jesús de Nazaret, Madrid 2007, p. 174)

Párrafo que se encuentra en este contexto más amplio:

"Por último queda aún una pregunta: ¿es Dios también madre? Se ha comparado el amor de Dios con el amor de una madre: «Como a un niño a quien su madre consuela, así os consolaré yo» (Is 66, 13). « ¿Puede una madre olvidarse de su criatura, no conmoverse por el hijo de sus entrañas? Pues aunque ella se olvide, yo no te olvidaré» (Is 49, 15). El misterio del amor maternal de Dios aparece reflejado de un modo especialmente conmovedor en el término hebreo rahamim, que originalmente significa «seno materno», pero después se usará para designar el conpadecer de Dios con el hombre, la misericordia de Dios. En el Antiguo Testamento se hace referencia con frecuencia a órganos del cuerpo humano para designar actitudes fundamentales del hombre o sentimientos de Dios, como aún hoy en día se dice «corazón» o «cerebro» para expresar algún aspecto de nuestra existencia. De este modo, el Antiguo Testamento no describe las actitudes fundamentales de la existencia de un modo abstracto, sino con el lenguaje de imágenes tomadas del cuerpo. El seno materno es la expresión más concreta del íntimo entrelazarse de dos existencias y de las atenciones a la criatura débil y dependiente que, en cuerpo y alma, vive totalmente custodiada en el seno de la madre. El lenguaje figurado del cuerpo nos permite comprender los sentimientos de Dios hacia el hombre de un modo más profundo de lo que permitiría cualquier lenguaje conceptual.

No obstante, aunque en el lenguaje plasmado a partir del cuerpo el amor de madre se aplique a la imagen de Dios, hay que decir también que nunca, ni en el Antiguo ni en el Nuevo Testamento, se califica o se invoca a Dios como madre. En la Biblia, «Madre» es una imagen, pero no un título para Dios. ¿Por qué? Sólo podemos intentar comprenderlo a tientas. Naturalmente, Dios no es ni hombre ni mujer, sino justamente eso, Dios, el Creador del hombre y de la mujer. Las deidades femeninas que rodeaban al pueblo de Israel y a la Iglesia del Nuevo Testamento mostraban una imagen de la relación entre Dios y el mundo claramente antitética a la imagen de Dios en la Biblia. Contenían siempre, y tal vez inevitablemente, concepciones panteístas, en las que desaparece la diferencia entre Creador y criatura. Partiendo de este presupuesto, la esencia de las cosas y los hombres aparece necesariamente como una emanación del seno materno del Ser que, al entrar en contacto con la dimensión del tiempo, se concreta en la multiplicidad de lo existente.
Por el contrario, la imagen del padre era y es más adecuada para expresar la alteridad entre Creador y criatura, la soberanía de su acto creativo. Sólo dejando aparte las deidades femeninas podía el Antiguo Testamento llegar a madurar su imagen de Dios, es decir, la pura trascendencia de Dios. Pero aunque no podemos dar razonamientos absolutamente concluyentes, la norma para nosotros sigue siendo el lenguaje de oración de toda la Biblia, en la que, como hemos dicho, a pesar de las grandes imágenes del amor maternal, «madre» no es un título de Dios, no es un apelativo con el que podamos dirigirnos a Dios. Rezamos como Jesús nos ha enseñado a orar, sobre la base de las Sagradas Escrituras, no como a nosotros se nos ocurra o nos guste. Sólo así oramos de modo correcto".

Al respecto puede verse también una explicación sintética en http://www.buenanueva.net/Teologia/1_11_16dios_madre.htm