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martes, 18 de noviembre de 2008

La moda que nos hace más humanos


La moda es un fenómeno social y cultural, pero también un importante sector de la economía, y un motor de la originalidad en las estrategias de comercialización y comunicación. Todos estos aspectos han estado presentes en el Congreso Internacional de Moda, celebrado en el Museo del Traje en Madrid, organizado por la Asociación Moda, Universidad y Empresa en colaboración con el Centro Superior de Diseño de Moda de la Universidad Politécnica de Madrid.
Aceprensa
Firmado por Carmen Llovet
Fecha: 17 Noviembre 2008


Que “la moda hoy debe reivindicarse a sí misma” es más que una afirmación oportuna. El filósofo Alfredo Cruz ofreció en el congreso la reflexión más enriquecedora, al hacer de la moda un sinónimo de cultura. Esa que humaniza nuestra necesidad biológica de vestirnos, igual que la gastronomía lo hace con nuestra natural inclinación a alimentarnos.
Y es que la moda cultiva al ser humano en su dimensión física concreta: en su modo de estar vestido. Un “estar” del que, curiosamente, sólo puede emanar belleza cuando hay un diálogo entre lo que el diseñador quiere y el buen gusto personal. “El vestir no solo cubre el cuerpo, sino que carga de sentido y expresividad nuestra presencia física”, dijo Cruz.

¿Qué hay entonces de la moda que se limita a poner en evidencia nuestra presencia física, desnudando el cuerpo? “Nos deshumaniza, renunciando a la cultura porque no dice más allá que lo que muestra la pura biología”. Y renunciando a nosotros mismos, porque lo natural para el ser humano es crear cultura –cultivar lo biológico–, aunque sea un lenguaje que se aprende en sociedad. Como el lenguaje del pudor, “que facilita la humanización de la forma en que vestimos”.

Ante este ideal, hoy nos abofetea por un lado una moda esteticista, aparente, sin reflexión sobre si parecemos lo que somos, como si lo importante fuera imitar a otros para ser reconocido en un entorno social; y por otro lado, encontramos una moda mercantilista y despótica –hoy se impone esto, mañana lo contrario–, en busca de un consumidor que renuncia a decir algo de sí mismo con su modo de vestir.

Con este punto de partida, donde queda patente que la moda ha llegado a la Universidad como llegó al pensamiento (la Revista de Occidente de Ortega y Gasset ya publicó reflexiones del sociólogo Simmel sobre la moda en 1895), nos queda enfrentarnos a la realización práctica de las ideas. Surgen propuestas para hacer posibles los valores humanos y culturales implícitos en este fenómeno social, que afectan a todos los agentes implicados en el sector de la moda. Una visión integradora que de forma novedosa ha aplicado a la moda la autora Paloma Díaz Soloaga en su libro ‘Cómo gestionar marcas de moda: El valor de la comunicación’.

La conferencia inaugural del sociólogo francés Gilles Lipovetsky, titulada “Moda y lujo en la era hipermoderna”, trazó un panorama en diez puntos sobre las características de la moda en la sociedad actual, diversificando los centros mundiales de referencia: París, Milán, Londres o Nueva York.

Los caminos del diseño y los de la moda

El diseñador está en el origen de todo, como creador que sella toda la firma con su concepto. Pero si su trabajo no llega a la calle, no tiene sentido ni valor: los caminos del diseño –ofrecer creación– y de la moda –convertirse en marca–, se separan, como indicó Modesto Lomba, presidente de la Asociación de Creadores de Moda de España. El esfuerzo creativo muchas veces vaga asfixiado entre la permanente petición de innovación (el consumidor exige comprar ilusión, no cubrir una simple necesidad) y el desafío de convertir su propuesta en moda entendible, que humanice a la persona que vista su modelo. Porque el consumidor busca en una prenda o complemento la seguridad emocional ante su entorno. Pero “quienes por un exceso de excentricidad proponen algo que no encaja con las condiciones sociales –recuerda el filósofo Cruz–, no están haciendo moda propiamente dicha, sería simplemente estética”.

martes, 10 de junio de 2008

Vestir como en "Sexo en Nueva York"


Cómo vestir para sabotear el propio avance profesional

Con el estreno de Sexo en Nueva York. La película (Sex and the City), Hollywood y la industria de la moda han lanzado campañas de marketing para que las mujeres adopten la ropa provocativa de las protagonistas. Christina Binkley comenta en The Wall Street Journal (29 mayo 2008) que al seguir tal modo de vestir en el trabajo, muchas mujeres están saboteando su avance profesional.
Fuente: The Wall Street Journal
Fecha: 31 Mayo 2008


Los más de trescientos modelos utilizados por las cuatro actrices de Sexo en Nueva York van a arrastrar tras de sí una nueva avalancha de moda cara y provocativa.

La serie que da origen a la película ya tuvo gran influencia la pasada década y consiguió que toda una generación de mujeres se interesara por las grandes marcas de moda. También introdujo la idea de que las mujeres con éxito podían mirar la moda como un modo de liberación: vestir de un modo exageradamente femenino en los trabajos sin necesidad de imitar la indumentaria de los hombres.

Pero a medida que esta moda provocativa llegaba a las empresas, algunos empezaron a pensar que tales apariencias –grandes escotes, ombligos o piernas al aire– eran más empobrecedoras que liberadoras, explica Christina Binkley.

La columnista advierte que “muchas mujeres parecen no darse cuenta de que la liberación depende de tener verdadero poder, no del poder de llevar ropa atrevida”. La realidad es que los sueldos de las mujeres de los últimos años siguen siendo inferiores a los de los hombres, a pesar de que la proporción de licenciadas jóvenes supera a la de varones de la misma edad. Muchas mujeres no son conscientes de que esa liberación –la de vestir de una manera agresiva– está precisamente saboteando su propio avance profesional. Vestir adecuadamente sigue considerándose una aptitud social y laboral indispensable para subir en el escalafón. Y cita a varias altas ejecutivas cuyo modo de vestir “tiene más que ver con la sutileza que con lo exagerado”: “es estilo, no moda”.

Ver artículo original: The ‘Sex’ Effect: Empowering To Some, Trashy to Others.