miércoles, 15 de octubre de 2008
Acerca de la película "Camino", paralelismo con "El Código Da Vinci"
Por Juan Manuel Mora*
En mayo de 2006 se estrenó la versión cinematográfica de El Código Da Vinci, en medio de un gran despliegue publicitario. Durante los tres años anteriores, la novela de Dan Brown había vendido millones de copias y constituyó un fenómeno editorial de grandes dimensiones.
La trama de El Código posee los típicos elementos del thriller: acción, intriga, misterio. El relato de Dan Brown tiene un punto de partida: desde el siglo IV, la Iglesia habría ocultado la verdad sobre Jesucristo, destruido los verdaderos evangelios y negado que Jesús tuvo descendencia con la Magdalena. A lo largo de la historia sólo algunos "illuminati" llegaban al conocimiento de la verdad, mientras que la Iglesia oficial intentaba impedirlo por todos los medios. En nuestros días, el "brazo armado" con el que la Iglesia persigue a los iluminados sería el Opus Dei, que en la novela aparece como organización criminal y sin escrúpulos.
Uno de los aspectos más relevantes de El Código Da Vinci es su forma de mezclar ficción y realidad. En efecto, la trama utiliza elementos reales (nombres, fechas, lugares), y los combina con otros de ficción. Esto no tiene nada de extraño, si quedase claro mediante un correcto "pacto de lectura". Pero Dan Brown utiliza una calculada ambigüedad, las fronteras se difuminan y el lector al final no sabe a qué atenerse. Este recurso tampoco tendría más trascendencia, si no fuese porque Brown pone nombre y apellidos reales a sus mafias inventadas. De ese modo, la mezcla de ficción y realidad se vuelve explosiva.
Según los resultados de una encuesta realizada en Gran Bretaña, casi dos tercios de los lectores de El Código creían que el contenido de la novela era cierto (y por tanto, que los evangelios eran falsos, que Jesús tuvo hijos con la Magdalena, etc.). Con estos datos, no es de extrañar que la controversia que se planteó alrededor de El Código ocupase amplio espacio en los medios de comunicación de numerosos países. En el centro del debate se encontraba el tema de la responsabilidad de los autores de obras de ficción. Con sus trabajos crean estereotipos, originan movimientos de opinión y provocan emociones. Los periodistas también lo hacen, pero el trabajo de los informadores es juzgado con otros parámetros: no pueden mezclar ficción y realidad, ni acusar sin fundamento. En definitiva, los problemas planteados por El Código venían a recordar que la libertad de expresión, la libertad de creación, la libertad de crítica, propias de las sociedades democráticas, son compatibles con la responsabilidad y con el respeto mutuo.
El Código de Fesser
El caso de Camino es distinto de El Código Da Vinci , pero existen algunas semejanzas: trata también asuntos que afectan a la Iglesia y a los católicos; el malo de la película tiene nombre y apellidos, y mezcla ficción y realidad de forma potencialmente explosiva. Camino se inspira en la vida de Alexia González-Barros (www.alexiagb.com), adolescente madrileña que falleció de cáncer en 1985, con apenas 15 años. La Archidiócesis de Madrid ha iniciado su causa de canonización. Alexia fue tratada de su enfermedad en la Clínica de la Universidad de Navarra, donde transcurrió largos meses rodeada del cariño de sus padres y hermanos y de la atención del personal sanitario. Después de 1985 fallecieron también sus padres. Actualmente viven cuatro hermanos. A partir de la vida de Alexia se construye el guión. En síntesis, la película mantiene el envoltorio, pero modifica totalmente la sustancia: parece verdadera, pero es pura ficción. En la imaginación de los autores, Alexia es una niña que vive en un ambiente opresivo, creado por el Opus Dei y encarnado de forma muy aguda en la figura de la madre. Toda la historia del dolor de Alexia y del afecto de su familia está convertida en algo completamente distinto, en un caso de fanatismo religioso, atrofia de sentimientos y actitud masoquista ante el dolor. En el trasfondo, emerge una intención perversa: el Opus Dei pretendería aprovechar la enfermedad de la niña para construir una causa de canonización, con fines de proselitismo.
Cualquier persona normal que vea la película siente, como han dicho los críticos, una patada en el estómago, un choque emocional, un rechazo radical, una experiencia perturbadora e inolvidable. No puede ser de otra manera: un creyente, un católico, un miembro del Opus Dei, sienten la misma repugnancia ante la falta de humanidad que narra la película. De acuerdo con las declaraciones de los que han intervenido, el guión está escrito desde la increencia. El director ha declarado en diferentes ocasiones que no comparte la visión religiosa de la vida y no comprende la actitud cristiana ante la muerte. Quizá por esa razón, los personajes que aparecen en la película como creyentes son malos sin mezcla de virtud, y los que no tienen fe son buenos sin sombra de defecto. El resultado es un cuadro en blanco y negro, un enfoque que algunos han calificado de maniqueo, y que no fomenta precisamente la tolerancia.
La orientación religiosa de los autores merece todo el respeto. Sin embargo, no sería honrado silenciar un grave problema moral que plantea la película: Camino , como El Código Da Vinci , mezcla realidad y ficción, o más bien, presenta la ficción como si fuera historia. Los espectadores salen de la proyección convencidos de que han visto algo que ha sucedido realmente. Por eso la repulsión de los espectadores es doble: les impresiona el relato y les horroriza pensar que es verdadero. La familia ya ha expresado su dolor por el tratamiento que se hace de sus personas queridas. No es difícil imaginar los sentimientos de los hijos cuando vean la imagen de su madre maltratada en las salas de cine de toda España. El Opus Dei ha publicado también una breve declaración donde recuerda que, en esta película, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Tampoco es difícil imaginar los sentimientos de quien se ve retratado de forma repulsiva.
Cambio de paradigma
El Código de Brown y el Camino de Fesser confirman, cada uno a su modo, que es difícil explicar y no es fácil entender la experiencia religiosa en un mundo que vive como si Dios no existiese. De hecho, algunos quieren ver en estos ejemplos la expresión de un choque de culturas entre el Vaticano y Hollywood, entre los católicos y la sociedad secularizada. El paradigma del "choque de civilizaciones" se ha extendido en el ámbito de la política internacional, con consecuencias muy negativas. Aplicar ese mismo esquema a la "cuestión religiosa" de las sociedades occidentales, puede incrementar los niveles de agresividad. Basta ver algunos blogs donde ciertos partidarios del Camino de Fesser escriben que ya era hora de sacudir duro a esta Iglesia de pedófilos y ladrones; y donde ciertos adversarios responden con insultos simétricos. En nuestro país, las controversias suelen ser subidas de tono. Algunos programas de televisión y algunos debates parlamentarios recuerdan aquellos chistes de Mingote donde se ve a dos hombres primitivos "iniciar conversaciones", con el garrote preparado detrás de la espalda. Por desgracia, esto sucede también en las controversias religiosas. Con frecuencia, las discusiones están contaminadas de la dialéctica política, por la cual, si yo quiero ganar, tú tienes que perder (las elecciones, las votaciones). En realidad, los términos de un debate de tema religioso deberían ser muy distintos: yo no gano si tú pierdes; sólo gano si me explico, si te entiendo, si me entiendes. En otras democracias, la religión es un elemento transversal, común a personas que simpatizan con formaciones políticas de todas las tendencias. Esta transversalidad es muy saludable para la religión y para la política, y libera los debates religiosos de la dialéctica de la confrontación. En esas condiciones, el paradigma del conflicto puede ser sustituido por el del diálogo.
Otro aspecto interesante de El Código Da Vinci fue las reacciones que provocó entre los cristianos. Cuando alguien siente un golpe, tiene dos reacciones instintivas: encogerse y defenderse. En este caso, ante lo que se percibe como un golpe moral (un retrato falso e injusto), el instinto llevaría a cerrarse y a enfadarse. Sin embargo, la reacción común de los católicos ante El Código Da Vinci fue abierta y serena. En primer lugar, abierta. Ante una ficción que es falsa no hay más respuesta que la realidad: "ven y verás". Decía Mark Twain que cuando la verdad está todavía calzándose las botas, la mentira ya ha dado la vuelta al mundo. La mentira corre mucho, pero se desmiente sola. La verdad se impone por sí misma, sin gritos ni violencia, sino por su propia fuerza interior. Por eso, la respuesta más acertada es abrir las puertas y ofrecer información. Y en segundo lugar, serena. Dos no pelean si uno no quiere. Ante un retrato injusto, es importante mantener la capacidad de diálogo, sin adoptar actitudes defensivas ni victimistas. Para romper el paradigma de la confrontación, hay que responder con respeto, también a quien consideramos que no nos respeta.
Insisto en que estas consideraciones se escriben desde la convicción de la importancia de la libertad de expresión, de la libertad creativa y de la libertad de crítica. Las personas y las instituciones con dimensión pública han de asumir con humildad sus errores y aceptar el público escrutinio. Pero todos tienen derecho a ser criticados con veracidad y respeto.
Una escritora africana define la madurez como la capacidad de darse cuenta de que podemos herir a los demás. La madurez ayuda a recorrer juntos caminos de concordia.
* Vicerrector de Comunicación de la Universidad de Navarra. Autor de "La Iglesia, el Opus Dei y el Código Da Vinci", de próxima aparición.
miércoles, 25 de junio de 2008
“Sexo en Nueva York”:

Firmado por Ana Sánchez de la Nieta (Aceprensa)
Fecha: 25 Junio 2008
Cuatro mujeres adultas, liberadas de compromisos, desinhibidas en lo sexual… y absolutamente esclavizadas por la dictadura de la imagen y el poder de las marcas. Si Simone de Beauvoir resucitara y viera los resultados en taquilla de la película Sexo en Nueva York, volvería deprimida a su tumba. Afortunadamente, la autora de El segundo sexo no ha tenido que contemplar las oleadas de público –sobre todo femenino– que acudía en masa al estreno de una cinta que –al igual que la serie en la que se inspira– recoge una visión de la mujer situada en las antípodas de cualquier tipo de feminismo.
Mientras tantas personas han luchado y siguen luchando para hacer entender al mundo que la dignidad del hombre y la mujer es la misma y, por lo tanto, deben ser iguales sus derechos y deberes, las protagonistas de Sexo en Nueva York se muestran más preocupadas por los efectos del Botox.
Parece que para ellas, la lucha terminó en cuanto adquirieron una tarjeta de crédito para fundir. Una vez conseguida, los graves problemas a los que se enfrentan son dónde meter varias decenas de pares de zapatos, cómo enfrentarse a la mudanza del guardarropa, dónde beber el mejor cóctel o cómo disimular las patas de gallo (los michelines no entran en la categoría de problema sino directamente en la de drama, y me remito a la película).
A las protagonistas de la cinta no les interesa la política, ni tampoco les quita el sueño sus derechos y deberes, no se las ve leyendo un libro (como mucho hojean revistas) y, aunque se supone que trabajan, no hablan jamás de temas profesionales (en realidad, de lo único que hablan es de ropa y de hombres, y de esto último como camioneros, quizás sea por lo de la igualdad).
La única liberación que conocen les viene por la vía del consumo: ante un desplante, una enfermedad o una dificultad, compran. Y la propia película se convierte así en un enorme catálogo publicitario: coches, vestidos, muebles de diseño, zapatos, accesorios, viajes y hoteles. Una revista de 140 minutos con cientos de anuncios adosados en forma de fotogramas. Todo lo que una persona necesita para ser feliz o al menos para no pensar (que en la película parecen sinónimos). En definitiva, el encumbramiento de la frivolidad. Y la paradoja de convertir una de las más feroces y patentes tiranías –la del consumismo compulsivo– en símbolo de liberación.
Por supuesto, ante este planteamiento, la industria de la moda y el lujo se frota las manos. La lucha por la cultura, por los derechos, por la conciliación no da excesivo dinero, pero la competición brutal de las marcas, la carrera desenfrenada por envejecer sin arrugas, la olimpiada para adquirir el mejor ático o el deportivo más moderno reportan beneficios, y muchos.
Y la prueba es el aluvión de marcas que se han sumado a la película. Por ejemplo, uno de los personajes abandonará su cóctel favorito para beber vodka Skyy, una de las marcas que han llegado a un acuerdo con la productora New Line Cinema para promocionarse mutuamente. Contratos parecidos han firmado Bag Borrow or Steal (bolsos y joyas), Coty (perfumes), Glacéau Vitaminwater (agua perteneciente a Coca-Cola) y Mercedes-Benz. Estas marcas son las verdaderas protagonistas de la película. Ellas y los 300 vestidos que Patricia Field elaboró para la película (de paso ha lanzado una página web donde vende los artículos de la cinta en formato low cost).
La protagonista y coproductora de la película, Sarah Jessica Parker, sostenía hace unos días que Sexo en Nueva York haría historia en el cine. Lo dudo. Igual que dudo que contribuya a mejorar un ápice la situación de las mujeres, que, vistas en este espejo, acaban deformadas. Otra cosa es que haga historia enterrando bajo kilos de frivolidad cualquier pensamiento serio sobre el papel de la mujer en la sociedad.
jueves, 13 de marzo de 2008
Juno
Muchas gracias a Benita por regalarnos este artículo acerca de la nueva película de Jason Reitman. La © opio en este blog con su autorización explicíta de su autora.
La reseña apareció riginalmente en el blog Familia en Construcción. El link: JUNO
Una chica de dieciséis años se queda embarazada. No es la primera vez que sucede algo así entre sus compañeras de colegio. Ninguna de ellas es madre. El entorno le facilita un aborto rápido y prácticamente secreto. Un nombre falso y una breve "intervención" y "problema" resuelto.
La gran personalidad de Juno, independiente en relación con las opiniones ajenas, le permite actuar con gran libertad y rendirse a la evidencia. Antes de entrar en el centro donde tenía pensado abortar, una compañera del colegio (manifestándonse en solitario ante el centro) le intenta disuadir de sus intenciones. Juno pasa de largo desoyendo el discurso de su amiga pero retiene un dato: su bebé tiene uñas. Una vez en el centro, lo inóspito y frío del entorno le hace reflexionar y decide que su bebé con uñas tiene que nacer.
Un merecido oscar al mejor guión original y una muy fundada nominación de Ellen Page (Juno) como mejor actriz entre otras tres nominaciones a los oscar avalan esta interesante película. Si bien no podríamos calificarlo de cine familiar es una película que pasará a la historia porque más allá de las estupendas interpretaciones y unos ingeniosos diálogos invita a un serio análisis sobre el valor, la libertad de elegir y el valor de la vida.
Os dejo con el trailler:
miércoles, 20 de febrero de 2008
La conciencia y la ley en Los últimos días de Sophie Scholl
En la excelente película, de 2005, Sophie Scholl - Die letzten Tage
A mi modo de ver, el mejor diálogo de la película.
Vean como Sophie habla de los judíos, de los niños "enfermenos mentales" que Mohr dice que son "vida no digna" y acaba gritándole que Dios no existe. Esto es 100% lo que fue el nacional socialismo.
Claro, si Dios no existe, tampoco hay nada más que la ley estatal... obvio. De dignidad humana, de igualdad -Sophie también lo menciona- nada.
sábado, 16 de febrero de 2008
Cine: Vencer los rencores

Hace unos días leí una crítica de esta película, que no he visto. Me quedo con las ganas de verla, porque me llamó la atención el comentario del crítico al valorar cómo muestra la grandeza del perdón, de olvidar y no guardar rencor. A falta de esa crítica, he encontrado en El Confidencial ésta otra, de noviembre de 2006. Si alguien la ha visto o sabe de ella, le agradecería que realizara un comentario.
GRABAVICA (Sarajevo mon amour).
Dirección y guión: Jasmila Zbanic.
Fotografía: Christine A. Maier.
Música: Enes Zlatar.
Intérpretes: Mirjana Karanovic, Luna Mijovic, Leon Lucev.
www.grbavica.ba
Hay momentos en la vida de una persona que marcan su camino para siempre. Esos en los que todo lo edificado hasta la fecha se derrumba y es sustituido por un nuevo devenir que no tiene apenas atisbos de autogestión; que escapa a las posibilidades de superación y reafirmación de cualquier individuo.
Grbavica, ópera prima de la hasta ahora documentalista bosnia Jasmila Zbanic, es un canto herido al Sarajevo de posguerra y un retrato amargo de las consecuencias que han derivado de los excesos protagonizados por los soldados serbios en territorio bosnio; de sus atroces violaciones a las mujeres que esperaban en la retaguardia.
La cinta, galardonada con el Oso de Oro en Berlín y muy en la línea de otras como la serbia Optimistas, que se hizo recientemente con la Espiga de oro en el Festival de Valladolid, representa el milagro de unas cinematografías, las balcánicas, que sin apenas medios técnicos se han puesto a contar las verdades de sus miserias.
Y muy bien, por cierto. Porque está última película, de nombre impronunciable –Grbavica-, es una pequeña joya intimista, sensible y bien contada que, por méritos propios, no pasará desapercibida.
jueves, 7 de febrero de 2008
Críticas de cine: Juno

Dirección: Jason Reitman.
País: USA.
Año: 2007.
Duración: 91 min.
Género: Comedia dramática.
Interpretación: Ellen Page (Juno), Michael Cera (Bleeker), Jennifer Garner (Vanessa Loring), Jason Bateman (Mark Loring), Allison Janney (Bren), J.K. Simmons (Mac), Olivia Thirlby (Leah), Eileen Pedde (Gerta Rauss), Rainn Wilson (Rollo), Daniel Clark (Steve Rendazo), Aman Johal (Vijay).
Guión: Diablo Cody.
Producción: Lianne Halfon, John Malkovich, Mason Novick y Russell Smith.
Música: Mateo Messina.
Fotografía: Eric Steelberg.
Montaje: Dana E. Glauberman.
Diseño de producción: Steve Saklad.
Vestuario: Monique Prudhomme.
Estreno en USA: 5 Diciembre 2007.
Estreno en España: 1 Febrero 2008.
SINOPSIS
Juno es una adolescente de Minnesota, aguda como un puñal y que vive de acuerdo con sus propias reglas. Una tarde típicamente aburrida se transforma en algo exactamente opuesto cuando Juno decide mantener relaciones sexuales con el encantadoramente sencillo Bleeker. Enfrentándose a un embarazo imprevisto, ella y su mejor amiga Leah urden un plan para encontrarle al bebé la perfecta pareja de padres. Fijan su mirada en Mark y Vanessa Loring, una acomodada pareja de las afueras que desean adoptar a su primer hijo. Por suerte, Juno goza del apoyo de su padre y su madrastra. A medida que Juno se acerca más y más a la salida de cuentas, la idílica vida de Mark y Vanessa comienza a dar señales de estar agrietándose. Mientras va pasando el tiempo, los cambios físicos de Juno reflejan su crecimiento personal. Con un intrépido intelecto muy alejado de la habitual angustia adolescente, Juno resuelve sus problemas de frente, exhibiendo una juvenil exhuberancia tan aguda como inesperada.

CRÍTICAS
Embarazo inesperado
[Decine 21]
Juno es una jovencita de dieciséis años. Un día decide tener su primera experiencia sexual con un chico del instituto, el buenazo y tranquilo Paulie. Y Juno queda embarazada. Tras desechar el aborto como alternativa, decide, con la aquiescencia de su padre y de su madrastra, dar al bebé en adopción. Para tal propósito elige a Vanessa y Mark Loring, un matrimonio joven, de buena posición económica, que anhela con ansia tener un hijo.
En su anterior film, Gracias por fumar, Jason Reitman demostró tener mucho seso en la mollera al tratar un tema tan manido como el tabaco y sus peligros, sin caer en simplicidades de cara a la galería y entregar un film original y de irónico humor, crítico ante el cinismo y la hipocresía, muy lejos de la superficialidad. En su segundo film no defrauda la expectativa generada y entrega una historia entrañable y positiva, aunque se expone con un planteamiento muy serio y de indudable actualidad: las relaciones sexuales prematuras entre adolescentes.
Con ese aire independiente, alegre y algo gamberro, de películas como Pequeña Miss Sunshine, con lenguaje procaz y situaciones peliagudas pero sin perder nunca el rumbo, Reitman habla del amor y del compromiso, y también del respeto, la libertad, y la responsabilidad ante los propios actos, cosas que nada tienen que ver con las apariencias, como lo demuestra la estupenda familia de Juno. Pero el film es realista y nada moralizante respecto a que algunas situaciones problemáticas no tienen una solución maravillosa ni pueden arreglarse con decisiones tomadas a la ligera.
La galería de personajes creados por la guionista debutante Diablo Cody es muy rica. Y Reitman sabe definirlos en pantalla con una o dos pinceladas certeras, como a los padres de Juno. También hay momentos de comedia bien resueltos, como el varapalo a la enfermera de la ecografía o algunos chispeantes diálogos. Y se agradece de veras que algún "peligroso derrotero" que podría haber dado al traste con la historia esté virtuosamente esquivado, como la amistad entre Juno y Mark.
Pero por encima de cualquier aspecto brilla extraordinariamente la interpretación de la menudita Ellen Page, una joven actriz que encandiló en su día en Wilby Wonderful y que luego bordó su terrorífico papel en Hard Candy. Su adolescente Juno es sencillamente magistral, entrañable, malévolamente divertida, de una mordaz inteligencia que te desarma, rápida y nada afectada. Todo un personaje.
La alegría de la opción por la vida frente a la lógica cruel del aborto
[LaGaceta. Jerónimo José Martín]
Si el año pasado arrasó en todo el mundo Pequeña Miss Sunshine, ahora sigue sus pasos otra comedia indie y capriana. Se trata de Juno, de Jason Reitman —hijo de Ivan Reitman—, que ya mostró su mirada a contracorriente en Gracias por fumar. Tras ganar el Premio del Jurado Joven en Gijón 2007, Juno ha obtenido varios premios de la crítica, optó a los Globos de Oro a mejor comedia o musical, actriz (Ellen Page) y guión (Diablo Cody), y ahora es candidata a los Oscar a mejor película, director, actriz y guión original.
Hija de padres divorciados, Juno es una adolescente de Minnesota, inteligente, extrovertida y sin respetos humanos. Un día descubre que está embarazada de un chaval de su clase, Bleeker, un tipo cariñoso, deportista y aficionado también a tocar la guitarra, pero tímido, algo simple y menos maduro que ella. Tras visitar una clínica abortista, de la que sale horrorizada, Juno decide tener al bebé y darlo en adopción a los mejores padres que pueda encontrar. Para ello, contará con la ayuda de su divertido padre, su aguerrida madrastra, su mejor amiga y, en la distancia, el silencioso padre de la criatura, que se siente ninguneado. La mejor opción es un rico matrimonio sin hijos, aparentemente sólido y feliz.
A través del chispeante guión de la ex stripper Diablo Cody, una preciosa banda sonora, una soberbia dirección de actores —magistral en el caso de Ellen Page— y una fresca puesta en escena, entre realista y surrealista, Jason Reitman ofrece un lúcido repaso crítico a las ideas prefabricadas en torno al aborto, al tiempo que propugna soluciones alternativas ante un embarazo no deseado. Unas soluciones que respetan la dignidad del feto, la madre y también el padre, y que, además, implican un mayor compromiso con la embarazada de sus propios familiares y de la sociedad entera. Todo ello con un divertido tono mordaz, algo soez y gamberro, pero que nunca rebaja la entrañable humanidad de los personajes ni la grandeza moral de sus decisiones.
lunes, 7 de enero de 2008
Persépolis

Un cómic saca a la luz a las mujeres que en el mundo árabe se rebelan contra el velo
La obra se llama 'Persépolis', también convertida en película, y su autora es la francoiraní Marjane Satrapi
Cómics y películas animadas se perfilan como eficientes soportes para desgranar historias con inevitable denuncia feminista. Si en Japón triunfan las viñetas de Hataraki Man,cuya heroína lucha por lograr el reconocimiento laboral en una cultura empresarial dominada por hombres, en Europa lo hace Persépolis,el célebre cómic autobiográfico de la francoiraní Marjane Satrapi (Rasht, Irán, 1969), cuya versión cinematográfica introduce al gran público en un nuevo enfoque del debate sobre el velo, sacando a la luz la cotidianidad de las mujeres que se rebelan contra la obligación de llevarlo.
"Persépolis nos permite cambiar nuestra perspectiva respecto a ciertos radicalismos, como la visión que tenemos de los musulmanes, que parece que todos tengan que ser integristas, y también respecto al velo: nos recuerda que no todas lo llevan y que no en todos esos países se ha llevado siempre". Quien así habla es Anna Guerrero, presidenta en Barcelona de la organización francesa Ni Putes ni Submises. Se refiere a esa visión de una familia liberal y culta iraní que resiste frente al sha para verle luego sustituido por Jomeini.
"Tengo la sensación - prosigue Guerrero- de que en nuestro país la gente no sabe que en el mundo árabe hay lucha feminista. Una estudiante me consultó para un trabajo de investigación y se sorprendió cuando le dije que allí existen movimientos contrarios al velo. Eso es lo positivo de Persépolis:nos recuerda que en Irán las mujeres no lo llevaban durante muchos años y que fue la revolución la que les obligó a ponérselo".
La historieta narra cómo Marjane trata desde su niñez de conquistar espacios de libertad en un Irán convertido en República Islámica. Su mirada feminista es tranquila y honesta: sencillamente, algo no encaja en aquella sociedad. "El velo nos hace libres - les dice en una viñeta a sus alumnas la maestra de Marjane-, nos preserva de la mirada de los hombres".
Treinta mil ejemplares vendidos en Francia en sólo un año y todo un best seller entre la juventud de Catalunya, el cómic transmite desde la primera viñeta la idea de que hay lugar para la resistencia. La adaptación en dibujos al cine - encumbrada en Cannes y designada por Francia como aspirante al Oscar- esparce esa misma idea sobre un público más amplio. Persépolis ha sido uno de los productos inusuales de la cartelera navideña; pronto saldrá en DVD y los pósters arrasan en las tiendas. ¿La clave? La lucidez de Marjane, que se mueve en un mundo dual, entre guardianes de la revolución que la increpan durante su inquieta pubertad - "no puedes correr, se te mueve el culo de manera impropia"- y un mercado negro de alcohol, fiestas privadas y pop que se vende a susurros por discretas esquinas: Estivi Vonder,Bee Jees,Julio Iglesias, Pink Floyd, Jickael Mackson...
A la discusión en Occidente sobre el velo le convenía cierta dosis de realidad procedente de los países islámicos para poder observar que no todo pivota entre una debida tolerancia hacia las musulmanas que quieren llevarlo y la necesidad de garantizar espacios libres de signos religiosos: se trata también de proporcionar a las mujeres la posibilidad de romper con sus supuestas obligaciones de decencia. La Vanguardia ha contrastado el mensaje de Persépolis con la profesora de estudios árabes e islámicos Dolors Bramon, quien alaba de la historieta que "refleja cómo algo como el velo puede imponerse de forma estúpida".
En Ser dona i musulmana (Cruïlla, 2007) Bramon analiza la situación de las mujeres en las tradiciones islámicas y concluye que la palabra de Dios según el Alto Corán era en el siglo VII revolucionaria: ¡reconocía por primera vez que la mujer también tenía alma! Sin embargo, el texto estuvo sujeto a interpretaciones patriarcales, de ahí la supuesta obligación del velo.
"El velo - asegura Bramon- no es religión, es básicamente cultura, y últimamente reacción contra una avasalladora cultura occidental respecto a la inmigración. Estoy preocupada porque aumenta su uso y es difícil hacer cambiar de opinión a quien quiere ponérselo". Contraria a prohibirlo, Bramon recuerda que en países árabes, muchas abuelas y madres que no lo habían llevado en su vida empiezan a verlo en sus nietas e hijas. "Lo he visto en Jordania, donde pasé el verano del 80", asegura.
Si en los años 50 las jóvenes marroquíes, argelinas y tunecinas lo habían abandonado casi por completo, la caída del muro acentuó las diferencias con la religión y la cultura islámicas, lo que originó, señala Bramon, una doble reacción: la reivindicación de sus tradiciones y de su condición religiosa por medio del velo y un rechazo a la imposición de los modelos de la cultura occidental. "En Barcelona y Madrid se ven unos tapamientos... - advierte-; y también lo fomentan las comunidades islámicas. Hay rumores fundados de que existen premios en metálico para las familias de las que van tapadas. ¡Eso no es libertad!".
Al final de sus clases, esta doctora en Filología Semítica felicita a las musulmanas por no llevar el velo. No las puede distinguir del resto de las universitarias, pero le constan en su lista. En su opinión, las inmigrantes se lo quitarán a medida que se culturicen. "Leerán el Corán con un criterio propio y verán que no están obligadas.
martes, 25 de diciembre de 2007
Cine inteligente.

Desde hace un tiempo estoy suscrita al boletín semanal de CinemaNet, Asociación que promueve lo que llama Cine Inteligente. Un cine que, más allá del simple entretenimiento, proponga valores atractivos e ideales altos que se plasmen en películas excelentes artística y técnicamente. El boletín semanal gratuito de CinemaNet incluye sugerencias de estrenos en la gran pantalla y en DVD, con su correspondiente reseña, y también alguna noticia de cine de interés. Pienso que no me extralimito recomendando que os suscribáis en www.cinemanet.info/boletin.
Espero que lo disfrutéis como yo.
En la felicitación de Navidad que han enviado estos días a los suscriptores, han incluido una imágen de la Virgen María y el Niño que es la noticia sobre todas las noticias, protagonizada por una mujer, así que me permito tomarla prestada del equipo de Cinemanet.
jueves, 20 de diciembre de 2007
El cine y la mujer: "El atardecer"
Una mujer a punto de morir recuerda el momento de su juventud en el que conoció al amor de su vida. Mientras, sus hijas –Constance y Nina– se enfrentan a la inminente muerte de su madre y a sus propias inquietudes.
Ann se muere. Anciana postrada en el lecho del dolor, cuida de ella una enfermera, y la atienden también sus dos hijas, Connie, feliz madre de familia, y Nina, que vive con su novio, pero, insegura, se siente incapaz de dar el sí definitivo. Como entre delirios en esa etapa final, Ann habla de Harris, un antiguo novio, del que las hijas ignoraban su existencia. Y se agolpan los recuerdos de cierto fin de semana en una preciosa mansión junto al mar, casi medio siglo atrás, cuando fue la dama de honor de su amiga Lila, una joven de la alta sociedad, a punto de casarse. Se entrecruza la narración de lo acontecido entonces, las dudas sobre la conveniencia de ese matrimonio en ciernes, y los amores imposibles por las barreras sociales, con las historias del presente de las dos hermanas.
El director de fotografía húngaro Lajos Koltai debutó el pasado año como director a secas con Sin destino, un notable drama sobre el holocausto. Ahora, en su primer film en inglés, insiste en la vertiente dramática adaptando una novela de Susan Minot, convertida en guión por ella misma y el también novelista (y guionista) Michael Cunningham. La estructura narrativa es impecable, son suaves y adecuadas las idas y venidas del presente al pasado, y viveversa. Y sirven para construir muy sólidamente el andamiaje de las cuitas amorosas. En el pasado tenemos la novia que ama al hijo del ama de llaves, médico; la amiga que también se enamora de él; el hermano indolente que esconde unos sentimientos más complejos; los padres, que desean la boda perfecta; y un hecho traumático, que va a marcar a todos, y que está muy bien utilizado por cierto "regate" inesperado; en el presente está la agonizante; la hija feliz, aunque cansada, y la hija infeliz, a la que la noticia de que está en estado podría salvar.
Porque alrededor de la bien trabada maraña de relaciones y afectos, sobresale el amor maternofilial, preciosamente descrito en sus múltiples manifestaciones, y que ayuda a sobrellevar cualquier situación: los errores son menos errores, si es que lo son, se viene a decir, porque están los hijos. Es verdad que se juega la carta de la fatalidad, a la que tanto partido dramático se puede sacar, pero a cambio conviene señalar la honestidad de un subrayado poco habitual, el de que en esta vida hay que saber pasar página, y que las cosas no tendrían porque haber sido necesariamente mejores si hubieran discurrido de otra forma.Koltai demuestra una gran madurez narrativa, y logra una magnífica dirección de actores. Está claro que en el pasado hacía algo más que iluminar y preparar los movimientos de cámara (lo cual no impide que aquí, también, la fotografía sea excelente). Capítulo aparte merece el reparto, perfecto. Ésta es de esas películas que justificarían la creación de una nueva categoría de Oscar, al mejor reparto. Porque los intérpretes, mayoritariamente femeninos, son una delicia. Resulta obligado mencionar a todos: desde Vanessa Redgrave y Natasha Richardson (madre e hija, en la pantalla, y en la vida real), a Meryl Streep y Mamie Gummer (madre e hija de verdad, dan vida al mismo personaje, adulto y joven), pasando por Claire Dannes, Toni Collette, Glen Close y Eileen Atkins. Y aunque los chicos tengan menos papel, obligado es citar a Hugh Dancy, en el personaje clave de Buddy, el hermano de Nina, y a Patrick Wilson, el que enamora a todas.

