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miércoles, 9 de julio de 2008

INTERES POR LA EDUCACION DIFERENCIADA


Por qué vuelve a interesar la educación diferenciada
La enseñanza diferenciada parecía una causa perdida ante el avance de la coeducación. Pero está extendiéndose poco a poco desde que en diversos ámbitos –incluido un sector del feminismo– surgió un renovado interés por los distintos estilos de aprender de chicos y chicas. Rosemary Salomone, profesora de St. John’s University, resume el debate de las últimas décadas en un reciente número de la Revista Española de Pedagogía dedicado a “El reto de la educación de mujeres y varones”1.
Firmado por Rosemary Salomone
Fecha: 9 Julio 2008
ACEPRENSA

“La pasada década, el tema de la enseñanza diferenciada por sexos se convirtió en objeto de un acalorado debate en Estados Unidos”. El asunto despierta pasión porque “la enseñanza diferenciada por sexos se enfrenta con el dogma de la educación mixta y rasga el velo de la neutralidad de género”.

A favor y en contra

Los partidarios de la enseñanza diferenciada aducen que con ella se promueve la igualdad educativa para las chicas, porque mejora su rendimiento académico en disciplinas en que ellas tienden a quedarse atrás (matemáticas, ciencia, tecnología) y favorece una mayor participación femenina en profesiones tradicionalmente copadas por el hombre.

Algunos creen que la coeducación refuerza los estereotipos sexuales. Otros sostienen que la enseñanza mixta no tiene en cuenta en la medida necesaria los distintos estilos de aprender y las distintas necesidades emocionales de cada sexo, ni el distinto ritmo con que chicos y chicas desarrollan sus aptitudes.



En Estados Unidos interesa la educación diferenciada también para atacar problemas específicos de alumnos de minorías raciales. Se pretende así fomentar la autoestima de las chicas, que presentan elevadas tasas de embarazos precoces. En el caso de los chicos, en especial negros, se quiere ofrecerles un modelo distinto de masculinidad, para contrarrestar el influjo de las bandas callejeras y apartarlos de la delincuencia y de las drogas.

En efecto, “a principios de los noventa, algunos distritos escolares –entre ellos Detroit y Nueva York– intentaron luchar contra estos problemas abriendo centros educativos masculinos, algunos de los cuales fueron dotados de un plan de estudios enfocado específicamente hacia los varones afroamericanos. (…) Más recientemente, ciudades como Nueva York y Chicago han abierto centros femeninos de enseñanza secundaria que buscan reducir la diferencia de resultados con los chicos en matemáticas, ciencias y tecnología”.

Por su parte, los contrarios a la educación diferenciada sostienen que sirve a “una política sexista más o menos suave que niega a los hombres y a las mujeres las aptitudes interpersonales que necesitan para relacionarse los unos con los otros”, y “no fomenta el entendimiento y el respeto mutuo que pone a las mujeres en igualdad de condiciones con los hombres”.

En el mejor de los casos, ven en la enseñanza diferenciada un parche político para disimular las más insidiosas desigualdades sexuales en la escuela. En el peor, creen que perpetúa el prejuicio de que las chicas necesitan un trato diferente porque no pueden rendir como los chicos.

Igualdad formal o sustancial

Para aclarar la polémica, habría que intentar responder a cuestiones de fondo relacionadas con la igualdad y las diferencias. “¿Son diferentes las chicas y los chicos en algunos aspectos o factores relevantes de modo que requieran distintas maneras de enfocar su educación? (…) ¿Están esas diferencias entre los sexos determinadas biológicamente, y por tanto son inevitables, o se constituyen culturalmente, y por tanto se pueden cambiar? ¿El hecho mismo de sugerir la posibilidad de diferencias innatas equivale a insinuar una deficiencia en uno u otro sexo?” También hay que plantearse para qué edades o materias sería adecuada la educación diferenciada, y si esas edades y materias son las mismas o distintas para los chicos y para las chicas.

Aunque no hay acuerdo sobre esas cuestiones, partidarios y contrarios de la educación diferenciada coinciden en mantener el ideal de la igualdad, solo que la entienden de distintas formas. Los que se oponen “buscan la igualdad formal o igualdad de trato, y sostienen que los programas solo para niños o solo para niñas violan el principio de que a las personas en una situación similar se les debe tratar de manera similar”.

Piensan que hombres y mujeres tienen igual capacidad cognitiva, de modo que no hay entre ellos y ellas diferencias relevantes para la educación. “Gran parte de esta forma de pensar mana del feminismo de los setenta”, que combatía los estereotipos que adjudicaban a los sexos ámbitos separados: el privado, del hogar y la vida familiar, a las mujeres; el ámbito público, del trabajo, la política y la vida intelectual, a los hombres.

“Las feministas de esa época creían firmemente que para extirpar esa mitología tenían que centrarse en lo que los hombres y las mujeres tienen en común. (…) Para ellas, las chicas y los chicos eran esencialmente idénticos en cualquier aspecto que pudiera influir en el rendimiento académico. (…) En la enseñanza, lucharon para que las escuelas fuesen neutrales en cuanto al género (…) en su material didáctico, criterios de admisión, objetivos, ambiente y plan de estudios”.

“Desde la perspectiva contraria, se insiste en que el asunto no está en la igualdad formal, sino en la sustancial”: lo importante es corregir las desigualdades. Y, según dicen, “la separación por sexos es necesaria, al menos en ciertas circunstancias, para promover la igualdad de oportunidades”. Sostienen que procurar la igualdad formal para las chicas sin atender a sus peculiaridades, supone definir a los chicos como norma para ellas, pero en realidad entre chicos y chicas hay diferencias relevantes para la enseñanza, de origen tanto natural como social.

Como en el caso de los programas de apoyo a los estudiantes desfavorecidos, “distintos recursos, como materiales didácticos, métodos, planes de estudio, etc., producirán resultados sustancialmente iguales en términos de logros académicos y presencia profesional en ciertas áreas como las matemáticas, la física y la tecnología, tradicionalmente dominadas por los varones”.


Feministas partidarias de la diferenciada

Parte de la inspiración de la educación diferenciada proviene de estudiosas y escritoras feministas que, desde finales de los setenta, empezaron a ver las diferencias de sexo con una perspectiva nueva. “La obra definitiva que activó el debate sobre la homogeneidad y la diferencia e hizo que el público internacional conociera el tema fue In a Different Voice (1982), de Carol Gilligan, que se tradujo a nueve idiomas”. Muchas mujeres se reconocieron en este libro, que sostiene dos tesis principales: que las mujeres en conjunto difieren de los hombres en su orientación existencial básica y que muchas teorías psicológicas comúnmente admitidas infravaloraban y despreciaban la orientación femenina.

Según Gilligan, “las mujeres (…) se orientan hacia el compromiso, el contacto con otras personas y el cuidado, por lo que se inclinan por las relaciones humanas”. En cambio, “los hombres (…) se orientan hacia la separación y el pensamiento abstracto, lo que les predispone a los logros personales y una concepción instrumental de las relaciones”.

Las ideas de Gilligan fueron muy discutidas entre las feministas. Algunas veían implícitos en ellas viejos estereotipos de género; otras pensaron que liberaban a las mujeres del patrón masculino y permitía valorar sus cualidades propias.

Esa obra abrió el camino a posteriores estudios de la autora sobre chicas adolescentes, que influyeron decisivamente en las políticas y prácticas educativas. Gilligan subrayó que la adolescencia es una etapa crucial del desarrollo femenino, en que ellas se muestran más propensas a problemas psicológicos, responden más negativamente a las tensiones propias de la edad y tienden a valorarse peor.

Estos trabajos dieron apoyo a la idea de que cada sexo tiene su forma de percibir la realidad y su propio itinerario de desarrollo, y proporcionaron un marco teórico para interpretar las diferencias halladas en los estudios empíricos. En particular, los investigadores empezaron a descubrir que la escuela mixta no lograba que las chicas alcanzaran a los varones en matemáticas y ciencias.

La desventaja cambia de sexo

“Gobiernos y centros educativos de todo el mundo respondieron con una proliferación de programas pensados para aumentar el rendimiento académico de las alumnas, especialmente en matemáticas y ciencias. Parecía que ellas eran las víctimas y quizá los chicos eran, en parte, quienes las convertían en víctimas. Este fue el tema recurrente en la investigación de la igualdad de género durante los primeros años de la década de los noventa, y a medida que se convirtió en el criterio convencional, los educadores y padres empezaron a pensar en las escuelas y clases de educación diferenciada como la solución”. Este enfoque se promovió ampliamente en algunos países, como Australia.

“A principios de los noventa estaba claro que las chicas habían empezado a reducir las diferencias de rendimiento con los chicos”. Seguían presentando cierta desventaja en los estudios superiores de matemáticas y ciencias, pero en la secundaria y en la universidad había más alumnas que cursaban esas materias, y ellas sacaban mejores notas y se graduaban en mayor proporción que los varones.

Entonces “la opinión pública empezó a cambiar. Surgió un nuevo género de literatura popular centrada en que la enseñanza estaba fallando a los chicos (…) Se nos decía que eran los chicos quienes estaban fracasando académica y socialmente; la estructura y disciplina de la mayoría de los centros no diferenciados, y en particular de las escuelas primarias, tendían a favorecer a las niñas, y los profesores eran más sensibles a la voz de ellas. (…) Los chicos tenían más problemas de aprendizaje, suspendían más, presentaban mayor tasa de expulsiones y accedían a los estudios superiores en menor proporción”.


Lo natural y lo cultural

“Esto llevó el debate sobre la homogeneidad y la diferencia a una nueva dimensión. (…) Se produjo una reacción contra el supuesto victimismo de las chicas”. Volvió a aparecer la idea implícita de que chicos y chicas funcionan de distinta forma en la enseñanza. La inevitable y controvertida pregunta es “¿por qué?”

Unos contestan que entre los sexos hay diferencias innatas que explican en parte la diversidad de rendimiento académico. Por ejemplo, algunos sostienen que los chicos poseen, por término medio, mejor visión espacial, lo que les da ventaja en geometría; mientras que las chicas les superan en aptitudes verbales, y de ahí sus mejores resultados en lengua y literatura.

Otros no admiten esas generalizaciones, porque –dicen– las diferencias medias entre los sexos son pequeñas en comparación con las que existen entre los individuos de un mismo sexo.

Recientemente, las investigaciones neurológicas indican que la estructura del cerebro masculino y la del femenino difieren ligeramente, sin que eso sea un determinante que no pueda cambiarse por las influencias del entorno o a la ejercitación de las facultades.

En la duda, por la libertad

Salomone señala que es muy difícil distinguir lo que, en las diferencias entre los sexos que no se pueden atribuir a discriminaciones (cfr. Aceprensa 70/08), es de origen biológico, psicológico, social o cultural. Por eso considera más prometedor observar las diferencias entre chicos y chicas a medida que se desarrollan, para ajustar los métodos y recursos pedagógicos a las necesidades detectadas.

Entonces: “¿Es la separación en algún momento de la vida escolar la solución definitiva a las diferencias en el rendimiento académico y en la elección de profesión? No, pero podría ser uno de los mecanismos para dar a algunos chicos y chicas igualdad de oportunidades en el sentido de una educación ‘adecuada’. Si los chicos tienen más energía y no pueden mantener la atención durante mucho tiempo, y encima desarrollan su capacidad verbal a un ritmo más lento, no es razonable esperar que progresen en la escuela primaria a la misma velocidad que las niñas. Tampoco es pedagógicamente aceptable retardar el aprendizaje de las alumnas mientras se espera a que los niños de pongan al día. Al mismo tiempo, las niñas parecen quedarse atrás en el desarrollo de sus aptitudes para las matemáticas y la informática (...).

”Si estas diferencias son resultado de la biología, o una ansiedad causada por factores sociales, o porque las chicas son más lentas en los cálculos (...) todavía no se sabe con certeza. Sin embargo, la experiencia muestra que cuando se les pide que elijan, muchas chicas preferirían clases de matemáticas sólo para ellas durante la última etapa de la primaria y a lo largo de la secundaria”. Como abundan las cuestiones no resueltas, hay que seguir investigando para poder comparar los resultados de la enseñanza diferenciada y los de la mixta.

Mientras tanto, advierte Salomone, el peligro es que las posturas políticas e ideológicas implicadas frenen la experimentación con “enfoques alternativos” que afronten las diferencias sexuales observadas en maduración y estilo de aprendizaje entre chicos y chicas.

“Con esto no quiero decir que todos los chicos y chicas sean esencialmente iguales, sin ninguna diferencia dentro de cada sexo, ni tampoco que la enseñanza diferenciada sería beneficiosa para todos. Simplemente pienso que algunos saldrían beneficiados con los programas de educación diferenciada, bien en centros específicos, bien en clases diferenciadas dentro de una escuela mixta. Y para esos estudiantes, debería ofrecerse la enseñanza diferenciada como una opción válida y no limitada a las familias privilegiadas que pueden permitirse acudir a centros no sostenidos con fondos públicos”.

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NOTAS


(1) Rosemary Salomone, “Igualdad y diferencia. La cuestión de la equidad de género en la educación”, Revista Española de Pedagogía, año LXV, n. 238, septiembre-diciembre 2007, pp. 433-446.

sábado, 28 de junio de 2008

Educación diferenciada: pedagogía y eficacia.


lunes, 23 de junio de 2008
Entrevista de Marta Vázquez-Reina a María Calvo Charro.

Se llama educación diferenciada a un tipo de organización escolar que educa teniendo en cuenta las particularidades de aprendizaje de cada sexo, y que se traduce en la diferenciación por géneros en todas o algunas de las clases, aun manteniéndose un mismo currículo para niños y niñas. María Calvo Charro es Profesora Titular de Derecho Administrativo de la Universidad Carlos III, y una de las mayores defensoras de este modelo educativo en nuestro país. En la actualidad es la Presidenta académica en España de la Asociación europea de centros de educación diferenciada (EASSE), que defiende una libertad educativa que permita implantar sin dificultad un modelo diferenciado en los centros escolares.

¿Realmente son tan grandes las diferencias entre los modos de aprendizaje de niños y niñas como para tener que diferenciar su formación?

No hay ninguna duda en que niños y niñas son iguales en derechos y deberes, en cuanto a objetivos que cumplir y en inteligencia. Pero aparte de esas igualdades, las diferencias están en la forma de aprender, en la forma de jugar, en la forma de comportarse y en los ritmos de maduración. Son grandes diferencias que determinan un modo diferente de aprendizaje.

Sin embargo, separar la educación por sexos puede entenderse como una idea retrógrada.

Así es. Cuando se habla de educación diferenciada lo más habitual es relacionarlo con una ideología muy conservadora, con la religión o con pautas y normas morales. Esto es una equivocación. La educación diferenciada que se propone hoy en día no tiene que ver con la de hace 40 o 50 años, tiene que ver con pedagogía y con eficacia.

¿Se puede hablar de una base científica que respalde esas diferencias que comenta?

Efectivamente. Gracias a los avances tecnológicos de los últimos 15 años, se han podido desarrollar nuevos métodos de investigación de la estructura y del funcionamiento cerebral. Los scanners y las resonancias magnéticas han permitido a los científicos analizar un cerebro en actividad, comprobar las diferencias entre ellos y cómo responden a distintos estímulos, demostrando que existe un diformismo cerebral desde el punto de vista sexual. Hasta entonces se pensaba que eran los roles, las pautas culturales o la educación que dábamos a los niños y niñas los que determinaban que fueran de una manera u otra, ahora, gracias a estos avances, se puede afirmar que los cerebros de un hombre y de una mujer son diferentes desde el nacimiento, y que cada sexo sigue un desarrollo cerebral distinto, algo que si se hubiera dicho hace 20 años, se consideraría una aberración.

¿Cómo se manifiestan estas diferencias cerebrales en los niños en edad escolar?

En Infantil y Primaria se ha demostrado que el ritmo cognitivo de maduración es mucho más rápido o precoz en las niñas, y que el hemisferio izquierdo, que es el que se dedica a las defensas verbales y a las habilidades lingüísticas, madura hasta dos años antes que en los varones. De manera que las niñas hablan antes, hacen frases más completas, utilizan más calificativos y además, escriben mejor y antes, porque la psicomotricidad fina la tienen también más desarrollada.

¿Afecta esto al rendimiento escolar?

Por supuesto. Los niños se quedan atrás respecto a las niñas en esta etapa educativa. Esto queda demostrado en los recientes informes sobre resultados educativos, como PISA, que refleja que los niños en comprensión lectora están muy por debajo de las chicas. Hay que tener en cuenta que si los niños van retrasados en lectura y escritura en Infantil y Primaria, pasan a Secundaria con un déficit muy grande.

En Secundaria, ¿siguen siendo diferentes los ritmos de maduración?

En Secundaria ocurre el efecto contrario. Cuando llegan a la pubertad, el nivel de testosterona de los chicos se dispara drásticamente, esta subida de testosterona tiene efectos evidentes en el interior del cerebro. Los chicos adquieren una capacidad de razonamiento lógico-matemático y abstracto y una visión espacial superior a la de las chicas, aportándoles mayor facilidad para las materias relacionadas con estas capacidades. En este caso son las chicas las que se quedan atrás.

Si chicos y chicas aprenden de forma diferente, significa entonces que hay que enseñarles de modo distinto.

Exacto. La educación diferenciada persigue atender las distintas cualidades para aprender que tienen tanto los chicos como las chicas. El currículo es el mismo, las asignaturas y los objetivos iguales, pero hay que tener en cuenta siempre los distintos modos de aprendizaje.

¿Cuáles son estas cualidades?

Por ejemplo, que los chicos son más competitivos y por tanto se amoldan mejor en un sistema de enseñanza en el que se les exijan retos individuales y plazos breves, mientras que las chicas son más colaborativas y aprenden mejor con trabajos en grupo, exposiciones, etc. Por otra parte, el pensamiento de las niñas es mas inductivo, están al tanto de los pequeños detalles y llegan a una conclusión general, mientras que el de los chicos es deductivo, parten de una norma general y luego llegarán a las conclusiones. Esto lleva a que las niñas retengan más los datos subjetivos, mientras que los niños retienen los objetivos; son capacidades de aprendizaje diferentes y por tanto habría que aprovecharlas.

Uno de los argumentos por la educación diferenciada es que los alumnos escogen las opciones académicas más libremente.

Cierto. Por poner un ejemplo, en Alemania, en el Lander de Berlín, se han separado en 156 colegios públicos a las niñas en clases de matemáticas y los resultados están siendo espectaculares. Un reciente estudio, llevado a cabo a raíz de esta experiencia, demuestra que las niñas educadas en estos centros acceden en mayor medida a carreras técnicas que las educadas en centros totalmente mixtos, y es que la presión ambiental que provoca el ver que los chicos van por delante de ellas en esta asignatura, sólo lleva a radicalizar los estereotipos de que los niños son de ciencias y las niñas de letras, cuando lo que ocurre es que cada uno necesita aprender estas materias de manera diferente.

Antes ha hablado de Alemania, ¿qué cambios se están produciendo en este sentido en otros países?

Muchas investigaciones recientes están llevando a diferentes países a plantearse la educación diferenciada como la solución idónea al fracaso educativo en las aulas. En el Reino Unido, por ejemplo, en el informe "2020 Vision" elaborado por OFSTED (Office for Standards in Education) en colaboración con los mejores científicos del país, la conclusión más importante es que el fracaso escolar y la violencia en las aulas no se va solucionar hasta que no se separe a niños y niñas en determinadas materias. De hecho, en este país el 50% de los colegios públicos ya son diferenciados. Por otra parte, en Estados Unidos se aprobó en el 2006 una ley según la cual se permitía que en cualquier colegio hubiera clases separadas por sexo en determinadas materias, y se está invirtiendo muchísimo dinero en programas experimentales en este ámbito.

¿Se están reflejando estos cambios en los resultados académicos?

Por supuesto. En Australia, donde los centros públicos diferenciados superan ya a los mixtos, el Australian Council for Educational Research se realizó en 2001 un estudio comparando los resultados de ambos centros, haciendo un seguimiento de la evolución de 270.000 estudiantes durante seis años. El informe afirmaba que los alumnos educados en aulas de un solo sexo habían obtenido resultados académicos entre un 15% y un 22% mejores que los que iban a escuelas mixtas. El caso del Reino Unido viene avalado por las estadísticas, en el ranking de las 50 mejores escuelas públicas un 68% corresponden a escuelas con educación diferenciada por sexo, y entre las 10 mejores, 8 son diferenciadas y sólo 2 son mixtas.