lunes, 5 de noviembre de 2007

Una feminista habla del velo en La Vanguardia

Amelia Valcarcel: "Si una niña no va a la escuela a causa del velo, se podría retirar la tutela"

Filósofa de lengua afilada y voz envolvente, Amelia Valcárcel (1950), referente incontestable del feminismo español, es desde el 2006 la segunda mujer miembro del Consejo de Estado. Catedrática de Filosofía Moral y Política de la UNED, casada con un filósofo y madre de filósofa, es también patrona del Museo del Prado. Desde que irrumpiera con su tesis sobre El derecho al mal (1980), ha escrito títulos como Hegel y la ética, Sexo y filosofía, Del miedo a la igualdad, Ética para un mundo global o el último, Hablemos de Dios, junto a Victòria Camps. Dice agradecer haber nacido en un mundo cambiante y sentirse coprotagonista de los cambios: “Han costado, pero, como decían las sufragistas al ser detenidas o golpeadas... no lo sintáis, si en el fondo lo estamos pasando muy bien”, ríe.



Persépolis, la película basada en un cómic sobre el papel de la mujer en Irán que se estrena ahora, y nuevos incidentes registrados en centros escolares reabren el debate sobre el velo. La feminista y filósofa Amelia Valcárcel aporta sus puntos de vista sobre éste y otros frentes de la lucha por los derechos de las mujeres.
El consejo escolar de una escuela catalana decidió recientemente que una niña no debía llevar el velo y, ante el conflicto con los padres, el Govern lo corrigió: ante todo, la escolarización, dijo.

A veces creemos estar haciéndolo muybien y nos estamos equivocando de plano. Creo que la escuela había tomado una buena decisión y que fue corregida por alguien invocando un derecho a la educación que no se puede invocar en este caso, porque la educación es un deber. Por lo tanto, no pueden decir que prefieren que se eduque con la pañoleta a que no se eduque, porque se tiene que educar en todo caso, con pañoleta o sin pañoleta. De eso no se puede abdicar.

¿Entonces?

Los padres tienen la obligación de educar porque, de lo contrario, incluso se les puede retirar la tutela.

¿Les retiramos la tutela a todos los que no quieren quitar el velo a sus hijas en la escuela?
Eso no ocurriría. Basta con hacer una instrucción, como otros países que ya se toman en serio la prohibición de cierto tipo de signos en los lugares públicos, y no venir aquí a inventar tolerancias que no lo son. Pedir tolerancia para una práctica que supone minorización es un anacronismo. No se puede pedir que sea tolerada una conducta que tuvo que ser abolida para que existiera la libertad individual.

¿Y qué piensa de la opinión de que el velo es cultura?

Si es un signo religioso, no debe estar presente en determinados lugares porque es manifiestamente incompatible con el suelo común de convivencia, y si es cultural y no religioso, lo que es dudoso, significa que las mujeres tienen obligaciones de decencia especiales. Ambos casos nos llevan al mismo lugar.

¿Esas obligaciones de decencia se les han olvidado a quienes nos recuerdan que también aquí las mujeres llevaban mantilla... y no pasaba nada?

No pasaba nada entonces, pero si ahora nos dijeran que nos pusiéramos mantilla y teja a todas horas, a ver si nos la poníamos. También se esgrime que otras niñas van al colegio enseñando las bragas por encima del pantalón. O que llevan piercing.

Hay personas que tienen una capacidad limitada de sentido histórico.

Ahí la antropología enseña bastante. Si alguien cree realmente que se pueden comparar la talla 38, el piercing y la pañoleta, debería informase sobre la historia de las religiones, de las culturas, el cubrimiento de las mujeres y su permisión en el ámbito público. Puede empezar por el Código de Hammurabi y se lo pasará muy bien.

Pero la prohibición ha llevado a las jóvenes musulmanas a calzarse aún más el velo en Europa.

La utilización política del velo ya se da sin prohibir nada. Lo que hay que analizar son los casos de personas con cierta debilidad social, de comunidades que se retiran en sí mismas porque no encuentran asidero fuera. Otra cosa añadida es que, de paso, el imán del barrio sabe de lo que se trata y se convierte en consejero de estos asuntos. Y otra aún peor es la existencia de entidades reactivas, como sucede en lugares de Europa y no descartemos el nuestro. Hay gente expeditiva que dice: “Si vienen, que hagan lo que hacemos aquí, y si no, que no vengan, porque nadie les ha mandado venir”. Creo que se puede afinar más, porque eso puede ser también una gran falta de atención y de compasión. Pero nunca hasta el punto de, en plan papanatas, creer que por el hecho de que lo hace alguien de fuera hay que tolerarlo para no ser llamado xenófobo. Eso es una actitud progre. Y hay progres en las derechas y en las izquierdas.

Cambiando de asunto, la ley de Igualdad llega a las empresas con normas no vinculantes. ¿Forma parte de una moral retórica sin posibilidad de penalizar?

Es una ley muy buena, pero, para provocar un consenso mayor, no es decididamente imperativa en algunos casos en los que recomienda. Las empresas también han de atender a eso porque es estúpido desperdiciar la cantidad de talento femenino que se desperdicia.

¿Qué nos lleva a parte de las mujeres a ofendernos porque se nos aplica un criterio de paridad o de discriminación positiva?

Nuestro sentido de la justicia. Creemos valer por nosotras mismas y no necesitar que nadie nos haga favores especiales. Es verdad la primera parte, son muchas las mujeres valiosas y no necesitan favores especiales, simplemente que les sean retirados los obstáculos especiales que sí tienen. Y eso es lo que la ley hace: no te da lo que no tienes, te quita lo que te impide progresar. Las mujeres tienen ahora más habilidades meritocráticas que los varones por término medio. Es la primera vez que ocurre, y lo lógico es que mujeres y varones obtengan resultados parecidos.

Parte de la sociedad española considera que tenemos pendiente aceptar la prostitución.
No es un sentimiento para nada mayoritario. Es muy fácil: pregúntese a todos los varones, incluso a aquellos que frecuentan, si quieren que su madre, sus hermanas o sus hijas se dediquen a esto. La mayor parte de las mujeres que se prostituyen han sido compradas y vendidas por redes de tráfico. No creo que haya nadie en su sano juicio que diga que eso es tolerable. Y en un mundo ideal, que no existe, en el que una mujer se prostituyera porque fuera prácticamente ninfómana y le apeteciera mucho, comprar sexo tampoco sería deseable, porque no es una buena forma de relación entre sexos. Al sexo, al afecto, como a todo, hay que dedicarle un pequeño esfuerzo.

Nadie ha hablado de violencia sexista en la agresión a una niña ecuatoriana en un tren barcelonés. ¿No la hay cuando no hay relación entre víctima y verdugo?
Ésta es otra: hablamos de que hay violencia de género cuando ésta se produce en el seno de la pareja o personas que han sido pareja. Y es evidente que la violencia contra las mujeres abarca mucho más.

Fuente: La Vanguardia

Domingo 4 noviembre 2007

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