martes, 15 de abril de 2008

Tres mujeres valientes.

Caroline, Lorraine y Paola: tres opciones radicales en la frontera de la muerte
(Artículo de Jorge Enrique Mújica, publicado en Forumlibertas el 14-IV-08)

Tres madres que, en los últimos meses, murieron por salvar a sus bebés; heroísmo que toca al corazón.


Caroline, Lorraine y Paola. Francesa, inglesa e italiana, respectivamente. Sus vidas son paralelas no sólo porque son mujeres y europeas, sino, sobre todo, por la actitud de coraje y valentía que asumieron cuando una opción radical tocó a su puerta: la muerte o la vida.





Caroline Aigle fue la primera mujer piloto de caza de la armada francesa y astronauta. A los 14 años ingresó en la escuela militar de Saint-Cyr. Con 25 años, en 1999, se convirtió en piloto de caza para, en 2005, pasar a ser comandante.

En junio de 2007, en el quinto mes de embarazo de su segundo hijo, le diagnosticaron cáncer. Si quería seguir viviendo debía abortar al bebé para ser sometida a un tratamiento. ¿Decisión? Caroline nació para luchar, no para rendirse. Con tal de evitarle un daño a su hijo, renunció al tratamiento. ¿Consecuencia? Nació Gabriel con cinco meses y medio pero ella falleció. Antes de morir pudo ver a Gabriel en varias ocasiones y cargarlo en brazos.


Caroline ya era madre de un niño


“No podía detener la vida de un ser que había llevado consigo cinco meses (…) Este fue su último combate, y lo ganó”, declaró el también piloto y esposo de Caroline, Christopher Deketelaere.

"Mi bebé vivirá"

La respuesta de Lorraine Allard a los médicos que le sugirieron abortar para salvar su vida fue: “si voy a morir, mi bebé vivirá”. Casada, 33 años y con tres hijas, a los cuatro meses de su cuarto embarazo fue diagnosticada con cáncer en el hígado. ¿Qué hacer? Llevó adelante su embarazo. El 18 de noviembre de 2007 nació el pequeño Liam y Lorraine pudo tenerlo a su lado como feliz mamá hasta el 18 de enero de 2008, fecha en que falleció.



Lorraine Allard poco después del parto;
pudo estar con su bebé 2 meses antes de morir

Martyn Allard, esposo de Lorraine, ha decidido que cuando Liam crezca, no le dirá que su madre murió por él sino que su madre se aseguró de darle la oportunidad de vivir.

Tumor en el sexto mes de embarazo

En Italia, Paola Breda puso la vida de su hijo ante todo. También antes de la propia. En el sexto mes de embarazo, Paola descubrió que tenía un tumor pero jamás aceptó recurrir a medicamentos que habrían dañado al hijo que llevaba en su vientre. En enero de 2007 nació el pequeño Nicola. Aunque Paola luchó por vivir, el lunes 7 de abril falleció.

Giuseppe Nadal, un sacerdote católico que ha acompañado con paternal solicitud a Paola durante todo este tiempo, declaró sobre ella: “Ni siquiera en el momento de la máxima prueba tuvo el mínimo replanteamiento. Paola era de verdad un himno a la vida y un ejemplo para todos nosotros”.

Y también añadió: “Cuando descubrió que estaba enferma, vino a la iglesia llorando, pero aquellas no eran lágrimas de dolor por el mal que la había golpeado, sino de agradecimiento al Señor por el don de esta nueva maternidad. Ella y su marido habían esperado nueve años después de haber tenido a la primera hija y este segundo embarazo la había hecho todavía más feliz”.

Frente a estos ejemplos luminosos que van totalmente contracorriente, es difícil que otros seres humanos no se conmuevan y se opongan a una cultura de la muerte que defiende el aborto como derecho y conquista.

Frente al aborto, conscientes del riesgo que corrían, estas mujeres han elegido la generosidad.

A pesar de vivir en una época donde la vida humana parece valer nada y donde el egoísmo se convierte en ley, siguen existiendo testimonios de mujeres que nos enseñan que dar la vida por un hijo, dar la vida por el prójimo, es una excepción que sigue teniendo un gran sentido cuando se ha captado el significado ya no sólo de la maternidad, sino de lo que significa ser persona, de lo que significa amar.

sábado, 12 de abril de 2008

Artículo: "Humor y cerebro de mujer"


Humor y cerebro de mujer

Autor: Natalia López Moratalla
Fuente: Diario de Navarra, España
Fecha: 2008-04-09

“Los hombres son de Marte y las mujeres de Venus”, según el conocido título de Gray. Diferencias planetarias al margen, ellos y nosotras convivimos en la Tierra con muchos puntos en común y algunos en franca diferencia. Aprovechando que la alegría cotiza al alza y que hoy celebramos el Día Internacional de la Mujer, el sentido del humor también merece una reflexión. Sí, sí, el humor es algo muy serio. Tanto, que neurocientíficos de la Universidad de Stanford afirman que es necesario el largo viaje entre Marte y Venus para comprobar la diferencia con que ellos y ellas perciben el mundo. Aunque alguien pueda tomarlo a broma, la explicación aparece, tal cual, en la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).

Hombres y mujeres usan de forma distinta el cerebro para percibir y apreciar el humor. En primer lugar, la apreciación del humor supone percibir una incongruencia, para lo que son necesarias varias estructuras de la corteza cerebral, la capa “fría” del cerebro que integra y analiza. Ahí, en las zonas implicadas en el procesamiento del lenguaje, las que participan en la comprensión semántica de lo coherente, no se aprecian diferencias entre sexos. Los gráficos de PNAS muestran cómo se “iluminan” las mismas zonas cuando se les presenta durante seis segundos un chiste dibujado, otro después de pocos segundos, y así sucesivamente. Incluso no hay diferencias en lo que encuentran divertido los hombres y las mujeres. Por tanto, la respuesta al humor presenta características universales.

Ahora bien, las mujeres activan regiones específicas del cerebro en mayor extensión que los varones cuando se les presenta un estímulo humorístico. La estrategia femenina, que tanto desconcierta a los hombres, tiene siempre y para todo un paso adicional por el lado derecho de la capa “caliente” del cerebro. El sentimiento de diversión, o de tedio, o incluso malestar, requiere estructuras subcorticales, de la segunda de las tres capas concéntricas. Es ahí, en el sistema límbico, donde los pensamientos se tiñen del color de la emoción. Y se tiñen con dopamina, que en ellas se fabrica en más o menos cantidad según el grado emotivo y así confiere la correspondiente intensidad humorística a un chiste. Para los hombres no cambia la cantidad de tinte emotivo: basta el conocimiento “a secas”. Pero eso sí, para ambos lo chistoso es gracioso.

Menos tensión y más alegría

Esa misma diferencia de estrategia cerebral, ese paso obligado para el cerebro femenino por el terreno de las emociones, es lo que suele producir el desconcierto mutuo ante la descripción de “¿por dónde se va a tal sitio?”. Ella dirá: ve hacia arriba, hasta la tienda de bolsos que hace esquina; y gira a la derecha, hasta llegar a la casa de tejado verde. Él se limitará a medir en metros o kilómetros, hacia el norte o el sur…

Siempre hemos sabido que ellos suelen tener más sentido de la orientación espacial. Gracias a las neurociencias sabemos por qué. Un equipo de investigación en neuroimagen, compuesto por alemanes, canadienses y suizos, estudió qué ocurre en el cerebro de unos y otras mientras realizan una actividad de rotar mentalmente objetos geométricos en tres dimensiones. Sus conclusiones aparecieron en la revista científica Neuropsychologia. Las mujeres utilizan los dos hemisferios para casi todo, mientras que los hombres usan predominantemente uno: el lenguaje a la izquierda y la habilidad visual-espacial a la derecha. En el derecho de la mujer el terreno que emplea para el lenguaje compite con la orientación espacial.

La estrategia masculina es de “construir” manipulando mentalmente el objeto, a fin de reorientarlo en el espacio (lado izquierdo); la femenina es más de “recuerdo y reconocimiento” (el derecho). Para ir hacia Venus él necesita planos interesterales; ella, con un par de detalles de los que conmueven irá y volverá de Venus a Marte sin perderse.

Bien comprendida y aplicada en la vida cotidiana, la investigación neurocientífica supone una gran ayuda para armonizar las relaciones personales entre hombres y mujeres. Por extensión, un buen uso de este conocimiento favorece unas relaciones sociales menos tensas: con más alegría y sentido del humor.

miércoles, 9 de abril de 2008

Sistema escolar público de Estados Unidos: educación diferenciada


Un reportaje de Elizabeth Weil para el New York Times (2-03-2008) refleja la paulatina extensión de la educación diferenciada en el sistema escolar público de Estados Unidos.
Fuente: The New York Times
Fecha: 7 Abril 2008


“Enseñar por separado a chicos y chicas ha sido siempre corriente en las escuelas privadas y parroquiales. Pero ahora la idea está ganando fuerza en las escuelas públicas norteamericanas, tanto por el deseo de los padres de tener más opciones como por las sendas crisis que han afectado a las chicas y a los chicos”. Primero se detectó que ellas quedaban atrás en matemáticas y ciencias; luego se ha visto cómo ellos iban cada vez peor en casi todos los índices de rendimiento académico.

Así lo muestran las medias nacionales. La tasa de expulsiones temporales es casi el doble en los chicos que en las chicas, y la de repetidores, 1,5 veces mayor. El fracaso escolar es más frecuente en ellos: el 65% terminan la enseñanza secundaria a su tiempo, frente al 72% de las chicas. Son chicos dos de cada tres alumnos de educación especial.

“Se discute si existe una crisis en la educación de los chicos blancos de clase media; pero no hay duda de que la escuela pública está fracasando con los alumnos pobres de minorías en general, y en particular con los chicos”. No se ha conseguido recortar las diferencias entre alumnos ricos y pobres, entre blancos y negros. “Empieza a cundir la desesperación”, dice Benjamin Wright, responsable de la red escolar pública de Nashville (Tennessee), y añade: “La coeducación no funciona. Es hora de probar otra cosa”.

Wright empezó probando la educación diferenciada cuando estuvo destinado en una escuela primaria de Seattle, donde encontró un notable retraso de los chicos. Al cabo de un año de experimentar con clases separadas, la proporción de chicos que alcanzaban el nivel mínimo de conocimientos subió del 10% al 35% en matemáticas y del 10% al 53% en lectura y escritura.

Pero no siempre se obtienen éxitos tan rotundos. Después, Wright trabajó en el programa de educación diferenciada de Filadelfia, y los resultados fueron bastante modestos. Wright lo atribuye en parte a falta de convencimiento entre los profesores. Algunos distritos que ensayaron la educación diferenciada, la han abandonado porque los progresos académicos eran pequeños y las complicaciones logísticas, grandes.

El balance por ahora muestra una expansión cada vez más rápida. En 1995, en todo Estados Unidos había solo dos escuelas públicas de educación diferenciada; ahora hay 49, y dos tercios de ellas han abierto en los tres últimos años. Hay también escuelas mixtas que ofrecen educación diferenciada al menos en algunas asignaturas: según la National Association for Single Sex Public Education, desde 2002 han pasado de una docena a más de 360 (no se dispone de números exactos).

Una de esas escuelas es la Intermedia de Foley (Alabama), donde el 70% de los alumnos reciben subvenciones para comedor y cerca de la mitad son negros o hispanos. Cuando empezó a ofrecer educación diferenciada, se apuntaron un tercio de las familias; en el siguiente curso se duplicaron las peticiones, y en el tercero alcanzaron el 87%. Según la directora, Lee Mansell, en las clases separadas por sexos hay “menos problemas de disciplina, más apoyo de los padres y mejores notas en escritura, lectura y matemáticas”.

Para chicas de Harlem

Weil presta particular atención a The Young Women’s Leadership School (TYWLS), de Harlem (Nueva York), considerada la pionera del actual movimiento en favor de la educación diferenciada pública. Esta escuela femenina se abrió en 1996, y hasta ahora todas las alumnas que se han graduado en ella han sido admitidas en la universidad.

La fundadora de TYWLS es Ann Rubinstein Tisch, antes redactora de NBC Network News. La idea le vino cuando hacía un reportaje en Milwaukee a finales de los ochenta, sobre una escuela pública que acababa de abrir una guardería para facilitar a las alumnas con hijos reincorporarse y terminar la secundaria. Tisch entrevistó a una de ellas, que tenía 15 años: “¿Dónde te ves dentro de cinco años?”; la chica se echó a llorar. “Me dije: está atrapada, y lo sabe –recuerda Tisch–. Y su situación afecta a tres generaciones: su madre, su hijo y ella misma. Tenemos que dar a estas niñas una vía completamente diferente; una vía que está abierta a las chicas de familias adineradas, o de escuelas parroquiales, o de escuelas judías”.

Para poner en marcha su idea, Tisch comenzó por visitar escuelas femeninas privadas y contratar un asesor jurídico. Habló con la superintendente de un distrito escolar neoyorquino que incluye parte de Harlem y consultó con Rosemary Salomone, profesora de Derecho en St. John’s University. Había un obstáculo legal: según establece una ley de 1972, los colegios que reciben financiación federal no pueden discriminar a los alumnos por razón del sexo. Pero Salomone señaló que el proyecto podía apoyarse en un informe del Departamento de Educación del municipio neoyorquino, que había detectado una desventaja de las alumnas, sobre todo negras e hispanas, con respecto a los chicos, en matemáticas y ciencias.

Tres meses antes de que se inaugurara TYWLS, el Tribunal Supremo dictaminó que ofrecer educación diferenciada en las escuelas públicas podía ser legal, dependiendo de las circunstancias. Fue ponente de la sentencia la magistrada Ruth Bader Ginsburg, que –como señala Weil– “había sido una de las fundadoras, dentro de la American Civil Liberties Union, del Proyecto Derechos de la Mujer, grupo que se ha distinguido por poner demandas contra las escuelas públicas para un solo sexo”. El fallo redactado por Ginsburg contiene “lo que algunos consideran un compendio del pensamiento feminista hasta 1996”. Aunque el tribunal ordenó que un centro público masculino de Virginia se hiciera mixto, la sentencia estableció que en determinadas situaciones, las escuelas públicas diferenciadas podían ser legales, siempre que contribuyeran a “a borrar las divisiones tradicionales según el género, en vez de perpetuarlas”.

Un ambiente propicio al aprendizaje

De todas formas, la apertura de TYWLS provocó una viva polémica. Los contrarios dijeron que la educación diferenciada pública era ilegal, retrógrada y anti-feminista. Salomone recuerda que la nueva escuela “dividió al movimiento feminista por la mitad”. Ella misma se dio de baja de la National Organization for Women.

Weil explica que el éxito académico de TYWLS se debe, en buena parte, a que brinda a las alumnas un ambiente propicio al aprendizaje, lo que no es corriente en los centros públicos de un barrio problemático como Harlem. En opinión de Emily Wylie, que enseña lengua y literatura en TYWLS, “ella enseña mejor y sus alumnas aprenden mejor porque están en un entorno des-sexualizado, o menos sexualizado”. “Casi todos en TYWLS reconocen que la preocupación más apremiante de los padres que matriculan en la escuela a sus hijas de 11 años es que estén a resguardo del ambiente sexualizado de las aulas y de las calles”.

La fundación creada por Tisch para promover TYWLS ha abierto escuelas femeninas en dos barrios más de Nueva York, Bronx y Queens, y va a colaborar en la creación de otras en Chicago, Filadelfia, Dallas y Austin.

Buenas para alumnos desaventajados

Aunque crece el interés por la educación diferenciada, la investigación sobre su eficacia es aún escasa, señala Weil. Los pocos estudios que comparan en general escuelas mixtas y escuelas para un solo sexo no son concluyentes. Lo más cierto que se ha averiguado sobre el particular procede de estudios sobre escuelas católicas, que tienen una larga tradición de enseñanza diferenciada. De ellos resulta que la educación diferenciada no reporta beneficios apreciables a los chicos blancos y de clase media, pero sí a los de clase baja o de minorías. Los que de estos van a colegios para un solo sexo sacan mejores notas que sus iguales de los colegios mixtos de la misma zona.

“Dos son las principales explicaciones que se proponen de este hecho. Una es que las escuelas diferenciadas dan a los chicos, en mayor medida que las otras, un sentido positivo del estudio, que les ayuda a contrarrestar la influencia antiacadémica de la cultura juvenil. Según la otra, para ir a un colegio de educación diferenciada, un chico ha de tener unos padres que hayan hecho algo que los educadores llaman una opción pro-académica: que se preocupen de la marcha del chico en los estudios y deliberen para tomar una decisión, cualquiera que sea”.

Weil confirma, a partir de lo que ha visto en TYWLS y otras escuelas semejantes, que “a la implicación de los padres parece deberse, en buena parte, el éxito de la educación diferenciada pública”. “Estas escuelas gozan del favor de muchos padres, satisfechos de tener una opción que siempre ha estado disponible en las escuelas privadas o parroquiales. También son atractivas para profesores y gestores de la red escolar, que encuentran en ellas una manera relativamente fácil y barata de intentar mejorar algunos de los desesperantes problemas de la enseñanza pública, en especial con los alumnos desaventajados”.

Oncóloga y enferma de cáncer: qué piensa de la eutanasia.


Sylvie Menard piensa que cuando se está sano no se tiene ni idea de lo que se pensaría como enfermo
Firmado por Aceprensa
Fecha: 9 Abril 2008


Sylvie Menard se dedicaba a curar el cáncer desde mucho antes de que le fuera diagnosticado un cáncer de huesos. El compatibilizar su papel de médica con el de paciente le ha llevado a cambiar algunas de sus actitudes frente a la enfermedad. Antes era partidaria de la eutanasia. Ahora se enfrenta a ella. Así lo hace en unas declaraciones a la revista Huellas, publicada recientemente.

Antigua alumna del profesor Veronesi –padre del testamento vital en Italia– afirma que siempre estuvo convencida de que cada uno debe decidir su suerte, pero “cuando me puse enferma, cambié radicalmente de postura”.

La aproximación personal a la enfermedad grave y la vecindad con la muerte, cambió su opinión: “Cuando enfermas, la muerte deja de ser algo virtual y se convierte en algo que te acompaña en la vida diaria. Y entonces te dices: ‘voy a hacer todo lo posible para vivir el mayor tiempo posible’”. Fue entonces cuando la doctora Menard dio un giro a sus posturas y si antes se oponía a tratamientos que con facilidad calificaba de encarnizamiento, ahora reconoce que “hoy cualquier cosa me vale si implica una nueva posibilidad de vida”.

Menard está casada y tiene un hijo. En la actualidad es la directora del Departamento de Oncología Experimental del Istituto dei Tumori de Milán. Para ella, quienes dicen sí a la eutanasia, lo hacen por dos motivos: no quieren sufrir ni perder la autosuficiencia convirtiéndose en una carga para los demás. Sylvie Menard, como enferma, reconoce que “no quiere tener dolor” y que “el enfermo tiene derecho a aliviarlo”. Como médica, se da una respuesta consoladora: “la terapia del dolor ha avanzado ostensiblemente en los últimos años”. Con respecto a la añorada autosuficiencia de quien por enfermedad la pierde, Menard piensa que “incluso si uno no está en plenitud de facultades y no puede levantarse porque está tendido en una cama, pero sigue contando con el afecto de sus familiares, en mi opinión, incluso en esas condiciones, merece la pena vivir”.

Menard sostiene que sobre las peticiones de eutanasia de los enfermos en fase terminal hay bastantes mitos. Citando un estudio hecho en Canadá, basado en encuestas a enfermos terminales, dice que allí se veía que en la mayoría de los casos “los que están a favor, lo están para el de la cama de al lado, pero no para sí mismos”, y “los que en la primera entrevista estaban a favor, ya no lo estaban en la segunda, porque se cambia fácilmente de opinión, dependiendo del estado de ánimo”. En cuanto a otro tipo de encuestas, afirma que “los que estando sanos se pronuncian sobre la eutanasia, en realidad no tienen ni idea de lo que pensarían si estuvieran enfermos”.

Actualmente la doctora Menard forma parte de un equipo que busca humanizar la medicina. “Con los años, la medicina se hace más tecnológica” y muchas veces “se ve al paciente como en muchos trozos”. “Lo que falta –continúa la doctora– es lo que une todas las piezas. Al paciente, con sus preocupaciones y sus preguntas, se le abandona”.

Como enferma y como médica defiende con vigor los cuidados paliativos. Dice que “son cuidados para la persona, no para la enfermedad”, porque “pueden eliminar el dolor”; pero no solo eso, sino que medicina paliativa “es todo aquello que mejore la calidad de vida del paciente en fase terminal”. Y en su papel de doctora, confirma que “a la medicina no se le pide que cure la enfermedad, sino que cure al paciente”. Por eso, opina que “si un paciente me pide la muerte, significa que yo no he cumplido con mi deber como médica”.

domingo, 6 de abril de 2008

La ética del cuidado, ¿una ética de mujeres?








Foto: Carol Gilligan

La ética del cuidado, ¿una ética de mujeres?
(Artículo firmado por Fernando Pascual. Forumlibertas)
No es un signo discriminatorio el reconocer que las mujeres tienen una mayor capacidad de vivir de esta manera


Algunos autores se han preguntado si existe un “pensamiento masculino” y un “pensamiento femenino”. Otros han lanzado una pregunta parecida en el campo de las acciones: ¿existe una ética del hombre y otra ética de la mujer?

Son preguntas que han cobrado fuerza en las últimas décadas, pero que habían sido formuladas ya en la Antigüedad. Platón, por ejemplo, no reconocía ninguna diferencia entre el hombre y la mujer en lo que se refiere a la vida del alma, es decir, en lo que se refiere al pensamiento y al actuar moral. Para Platón, tanto los hombres como las mujeres eran capaces de resultados muy similares en estos campos de la acción humana.

Conviene recordar el presupuesto desde el cual Platón llegó a esta idea “revolucionaria” en su tiempo: establecer una fuerte distinción entre el alma y el cuerpo. La sexualidad quedó situada en el ámbito de lo corporal, de lo contingente, de lo inferior. El actuar, en cambio, nacía desde el alma, que tenía un valor muy superior respecto del cuerpo, y no existía diferencia alguna entre el alma del hombre y el alma de la mujer.

El sexo, ¿un accidente marginal?

En la actualidad también hay pensadores que ven el sexo como algo marginal o inferior, en parte debido a las contingencias corporales, en parte promovido por formas de educación de tipo discriminatorio. Entre estos autores es fácil intuir, en un modo más o menos escondido, una cierta concepción dualista del ser humano, en la que la vida intelectual y la vida moral puede superar las contingencias corporales para llegar a una uniformidad tal que no sea posible encontrar, en ese ámbito, diferencia alguna entre hombres y mujeres.

Pero las cosas no están tan claras. Según otros pensadores, existen diferencias intelectuales y diferencias morales que tienen su raíz en la constitución somática de cada uno, en lo genético, entre lo cual se encuentra también la propia sexualidad.

No es el momento de dirimir aquí un problema tan complejo, sino de considerar una teoría ética que se ha desarrollado en este contexto, y que subraya precisamente la dimensión afectiva de nuestras conductas por encima de visiones y de sistemas que miran, más bien, a normas universales más o menos abstractas. Nos estamos refiriendo a las éticas del cuidado (conocidas por su término en inglés como “ethics of care”).

En general, la ética del cuidado quiere recuperar la importancia de las dimensiones emotivas y los sentimientos, de las relaciones y del interés, en la vida moral.

Frente a éticas que buscan lo puramente formal (como el kantismo), lo meramente legal (como algunas interpretaciones de las éticas del derecho), o que deciden en función de los beneficios individuales o sociales (como el utilitarismo), la ética del cuidado quiere centrarse en el sujeto, en sus relaciones y afectos, en su manera de “imbuirse” en una situación o problemática ética, y en su deseo de decidir del modo que más favorezca el bienestar del otro, incluso por encima de reglas abstractas que no llegan a comprender las dimensiones emotivas de cada situación.

La ética del cuidado: ¿algo femenino?

Es conocido que algunos autores han relacionado la ética del cuidado con el modo de pensar y actuar típicamente femenino. Podemos recordar aquí los nombres de Carol Gilligan, con su obra “In a different voice” (1982), y de Annette Baier (que publicó “Postures of the mind” en 1985).

Para Gilligan, por ejemplo, los hombres (en general, no de modo exclusivo) tienden a subrayar la importancia de los derechos y la justicia, de los principios abstractos, mientras las mujeres (también en general) darían mayor importancia al sentido de responsabilidad que nace de las relaciones humanas, sentido que se hace especialmente fuerte en las relaciones entre padres e hijos.

No han faltado autores, también en las filas del feminismo, que han criticado esta posición por considerarla reductiva y promotora de injusticias. La mujer, dicen estos autores, no piensa sólo en clave de afectos y de responsabilidad, ni los hombres se reducen a hacer cálculos en función del derecho o de los principios universales.

Igualmente, los críticos han notado que la diferencia de comportamientos éticos entre hombres y mujeres puede ser el resultado de la educación e, incluso, de una situación discriminatoria en la cual la mujer se ha visto siempre relegada a funciones de servicio y de atención de las necesidades domésticas.

Más allá de esta discusión, podríamos notar que el comportamiento ético de todo ser humano (hombre o mujer) implica la relación de muchos elementos. Por un lado, tenemos una inteligencia que recoge informaciones, que analiza una situación más o menos compleja, que entrevé diversas líneas de acción. Entre las posibilidades operativas, algunas se presentan como más fáciles, otras más difíciles; unas pueden ser legales y otras no; unas pueden producir un resultado en breve tiempo y otras a más largo plazo.

Religión y voluntad

La visión religiosa influye también a la hora de decidir, lo mismo que la visión sobre lo que significa ser individuo de la especie humana. Un materialista cierra el horizonte de la acción a lo intramundano, mientras que un espiritualista se abre a lo transcendente y a la vida después de la muerte. En cada perspectiva el modo de juzgar la misma situación puede ser muy distinta.

Luego llega el momento de la decisión, en la que la voluntad se pone en juego. La complejidad del ser humano nos hace reconocer que no actuamos según lo que la inteligencia haya considerado como lo mejor, pues hay situaciones en las que tenemos claro que algo debe hacerse y no lo hacemos, y otras en las que consideramos injusta una estrategia operativa, y luego la llevamos a cabo. Elementos como el miedo, algún interés más o menos honesto, presiones familiares, sociales o de trabajo, llevan a poner en práctica comportamientos que habían sido inicialmente considerados como inmorales.

Un encargado de contratar personal, por ejemplo, cree (a nivel intelectual) que el sexo no debe establecer discriminaciones a la hora de asumir a un nuevo empleado. Sin embargo, puede encontrarse con una directiva de la empresa según la cual no hay que contratar a mujeres en edad fértil para determinados puestos de trabajo. Su actuación puede seguir su conciencia (a riesgo de ser despedido) o someterse al miedo y actuar, así, de forma discriminatoria.

En este complejo cuadro de las opciones morales, la ética del cuidado ofrece elementos interesantes, pero no suficientes, para determinar un comportamiento ético.

Las emociones no dan la razón

Son importantes, reconoce esta ética, las dimensiones emotiva y la responsabilidad, pero los sentimientos y el grado de implicación afectiva que pueden nacer en nosotros frente a otra persona no son suficientes para determinar una línea de acción éticamente correcta. Si el afecto familiar puede llevar a proporcionar dinero al hijo drogadicto que pide ayuda a sus padres, ese mismo afecto debería descubrir la importancia de otros principios éticos (también el de justicia) por el cual el modo de tratar al hijo puede ser radicalmente distinto.

Desde luego, los principios de justicia, respeto de la ley, fidelidad a la conciencia, no deberían contraponerse al afecto que une y que relaciona entre sí a los seres humanos, no sólo en el ámbito de la familia, sino también en las múltiples situaciones sociales que pueden crearse en la vida (encuentros casuales, relaciones de trabajo o de estudio, amistades, etc.). El verdadero afecto implica la integración de los deberes éticos en el ámbito de las relaciones, y esto vale tanto para el hombre como para la mujer.

En este sentido, la ética del cuidado no puede ser una ética sólo “para las mujeres” (algunas feministas defienden con firmeza esta idea), sino que corresponde a las exigencias más profundas de todo ser humano, llamado a existir desde los demás y para los demás. Un actuar ético que no tenga en cuenta al otro en su valor y dignidad como ser humano no corresponde al verdadero bien, que podemos descubrir todos, hombres o mujeres, desde el corazón que ama a los demás por lo que son y por lo que significan para nosotros.

Si ésta puede ser una contribución importante de la ética del cuidado, conviene subrayar que no es un signo discriminatorio el reconocer que las mujeres tienen una mayor capacidad de vivir de esta manera. Todo lo contrario: es una cualidad y una invitación a todos, también a los varones, a elevar el estándar moral, a pensar y a actuar “con una voz diferente” (parafraseando el título de la obra de Gilligan), con una voz capaz de acoger al otro en cuanto ser valioso en sí mismo.

jueves, 27 de marzo de 2008

El negocio de las madres de alquiler indias


India: parejas de países ricos pagan a madres de alquiler
(Aceprensa)
Fuente: International Herald Tribune
Fecha: 7 Marzo 2008

No planean viajes de placer, ni tampoco quieren ir de compras. Ponen su atención en la India, pero no les interesa el Taj Mahal ni les mueven motivos turísticos. Son parejas de países ricos que pagan a madres de alquiler que presten su útero para gestar un hijo para ellos. Y todo a un precio mucho más barato que en los países occidentales.

Según el reportaje que publica el International Herald Tribune, cada vez son más las parejas de los países ricos que acuden a estos curiosos “intercambios comerciales” con países del Tercer Mundo. En Anand, una ciudad al este del estado de Gujarat, más de 50 madres de alquiler están habitualmente embarazadas con niños de parejas norteamericanas, británicas y de otros países ricos. Algunas de esas parejas se alojan nueve meses en un hotel cercano, hasta que en la clínica de al lado da a luz para ellos... una madre de alquiler.

La doctora Naina Patel, que trabaja en una clínica de Anand, afirma que a los americanos les gustan las mujeres indias: “No tienen vicios, no beben alcohol, no fuman ni se drogan”. Y además a buen precio: 30.000 dólares para vuelos, hotel y cuidados médicos; solo 300.000 rupias (7.500 dólares) para el alquiler de una madre.

Y una cosa más: las mujeres que alquilan su vientre no saben para quién trabajan. Ni siquiera saben si la criatura que llevan en su seno tendrá unos padres que son los dos hombres. El silencio es necesario, también porque en India la homosexualidad es ilegal. A veces el encargo al extranjero se hace para eludir la ley nacional. Es el caso de Israel, que ha legalizado en febrero la adopción de niños por personas del mismo sexo, pero no permite contratar madres de alquiler a parejas homosexuales. El reportaje se abre con el caso de una pareja de hombres homosexuales que ha “encargado” un niño a través de un servicio de este tipo en la India, donde es legal, sin que la madre de alquiler sepa para quién trabaja.

“Solo quiero ganar dinero para dar una educación a mis hijos”, dicen las mujeres indias, sujetos pacientes del arrendamiento.

Ver artículo original: Foreign couples turn to India for surrogate mothers.

miércoles, 26 de marzo de 2008

Campaña del "sexo seguro" en España.

Ética y eficacia en las campañas de salud sexual
El consenso internacional sobre prevención del sida propone una estrategia con tres elementos: abstinencia para los jóvenes sin pareja, fidelidad en las parejas y, cuando lo anterior no sea posible, preservativo para reducir el riesgo. En cambio, las campañas de “sexo seguro” realizadas en España en los últimos quince años solo difunden el tercer mensaje. En el último número de Cuadernos de Bioética (enero-abril 2008), José Jara Rascón y Esmeralda Alonso Sandoica, médicos, analizan los presupuestos y resultados de esas campañas. Ofrecemos un extracto de su trabajo.
Firmado por Esmeralda Alonso Sandoica José Jara Rascón
Fecha: 26 Marzo 2008

El ejercicio de la sexualidad en la población adolescente se ha convertido en un campo de confrontación ideológica. Simplificando las posturas, se podría afirmar que el debate se reduce a dos líneas argumentales. Por un lado se afirma que la única actitud posible, en un Estado donde existe un amplio pluralismo de opiniones, es la promoción del “sexo seguro” mediante la utilización de preservativos u otros métodos de barrera en las relaciones sexuales para evitar tanto embarazos no deseados como posibles enfermedades de transmisión sexual.

Frente a esto, se situaría la opinión por la cual, precisamente debido a esta variedad de estilos de vida, el Estado debe promocionar las conductas que ofrezcan mejores posibilidades de conseguir una estabilidad afectiva y emocional a largo plazo en la vida sexual de sus ciudadanos. Se estaría hablando en esta última opción de “sexo responsable” y esto requeriría una actuación más integral en el campo de la educación abordando diversas facetas.

Los embarazos precoces no bajan

Desde 1995, periódicamente se repiten las campañas de salud sexual por parte del Ministerio de Sanidad. Los matices y lemas escogidos entre dichas campañas suelen oscilar poco, teniendo habitualmente como población diana a los adolescentes y a la población joven. La justificación aducida para su puesta en marcha suele ser la constatación del aumento del número de abortos, la propagación de la epidemia de la infección por el VIH (sida) o el aumento de enfermedades de transmisión sexual (ETS), y la propuesta que se ofrece a la población es siempre la misma: el uso de métodos de barrera mediante la utilización del preservativo.

Dado que cada una de estas campañas tienen un alto coste económico (la iniciada en 2004 bajo el lema “Por ti, por todos, úsalo” requirió la inversión de 1,4 millones de euros), parece ineludible plantearse qué resultados se están obteniendo. Concretamente, ¿se ha logrado, al menos, la estabilización de las cifras de abortos, la punta del iceberg de los embarazos no deseados, en los últimos años?

Según datos del Instituto de Economía y Geografía del CSIC, en el año 2000 cuatro de cada diez adolescentes españolas entre 15 y 19 años que estaban embarazadas optaron por interrumpir la gestación durante ese año. Esa proporción resulta ser el doble de la encontrada en 1990.

Esta línea ascendente en el número de abortos entre los adolescentes se ha mantenido sin apenas mesetas en los informes oficiales emitidos en años sucesivos sin que las sucesivas campañas realizadas hayan sido capaces de frenarla. De hecho, el Instituto Nacional de la Juventud (INJUVE) en su informe “Juventud en España 2004” señalaba que, a pesar de que los jóvenes tienen hoy más información que nunca sobre temas sexuales y métodos anticonceptivos, todo indica que no es suficiente: una de cada diez jóvenes españolas se queda embarazada sin desearlo, la mayoría (un 75%) entre los 15 y los 21 años.

Estas importantes cifras de gestaciones interrumpidas y embarazos no deseados en la adolescencia parecen relacionarse con bastante probabilidad con el descenso en la edad de inicio en las relaciones sexuales. De hecho, una encuesta sobre “Sexualidad y anticoncepción en la juventud española”, realizada recientemente con más de 2.000 entrevistas personales a jóvenes entre 15 y 24 años, reveló que en sólo tres años la media de edad de la primera relación sexual había bajado de estar por encima de los 17 años a situarse en los 16 años.

Más infecciones

Por otra parte, llama la atención los escasos (más bien casi nulos) resultados alcanzados con la “píldora del día siguiente” (PDS), de la que se dispensaron en farmacias y hospitales durante 2005 medio millón de unidades.

Sin embargo, como se ha mencionado previamente, la cifra de abortos ha mantenido su evolución progresiva al alza sin inflexiones desde la introducción de este nuevo recurso de anticoncepción de emergencia. La explicación de este fenómeno es fácil de comprender si se tiene en cuenta que las posibilidades de embarazo tras una única relación sexual se sitúan en sólo un 8% y la eficacia de la píldora disminuye en relación al tiempo transcurrido desde el coito hasta su ingesta, por lo que no siempre es eficaz. Por tanto, un enorme número de píldoras dispensadas no habrán servido para interrumpir ningún embarazo, sencillamente porque dicho embarazo no se había producido. En cambio, la publicidad mediática desarrollada en torno a esta PDS, haciendo pensar que si se produce un embarazo no deseado la ingesta de la PDS resolverá el problema, parece aumentar el número de relaciones sexuales de riesgo, por lo que el efecto final conseguido es el inverso al previsto.

Respecto a las infecciones de transmisión sexual, la evolución de los últimos años, después de varias campañas consecutivas, tampoco permite demasiados optimismos respecto a los logros obtenidos. Frente a las 700 infecciones de sífilis y a las 805 de gonorrea declaradas en 2001, en 2005 se registraron 1.255 y 1.174, respectivamente, según datos del Sistema de Enfermedades de Declaración Obligatoria.

Visión simplista de la sexualidad

El ejercicio de la sexualidad conlleva una gran carga ética al implicar un acto de interrelación humana mediante el cual dos personas ponen en contacto no sólo sus cuerpos sino también su intimidad más profunda, entrando ahí en juego sentimientos, confianza, compromisos, afectividad e incluso disponibilidad para asumir todo lo que supone engendrar una nueva vida. Por el contrario, cuando lo que predomina es una vivencia contraria a la ética, el acto sexual puede ser también expresión de egoísmos, utilización de otra persona en beneficio propio, engaños, deslealtades e incluso ejercicio de vejaciones humillantes para la pareja.

Por tanto, plantear la educación sexual únicamente como aprendizaje de medidas de protección para no contagiarse de posibles infecciones o evitar embarazos parece una visión demasiado simplista de la sexualidad. Cuando este enfoque se vuelca sobre los jóvenes el resultado esperable es lo que se ha denominado una educación tipo “parche”, incapaz de atajar problemas, insuficiente, tardía y demasiado biológica.

De hecho, hay que asumir que el sexo no es, en contra de lo que a simple vista pueda parecer, una práctica estrictamente privada. Su repercusión social es enorme, con claras implicaciones sobre la demografía de los países y la necesidad de un amplio consumo de recursos si se realiza un mal ejercicio. Los embarazos de menores de 19 años, por ejemplo, suponen en una gran cantidad de casos rupturas de la trayectoria biográfica de esas personas, con déficits posteriores en su escolarización y consecuentes dificultades en su entorno social, laboral y familiar que requerirán posteriormente, en muchos casos, la ayuda de diferentes agentes sociales.

Imposible neutralidad

Sin embargo, posiblemente, las autoridades sanitarias, no sólo en España sino en el amplio entorno europeo occidental, se planteen que su función a la hora de diseñar estrategias de prevención en salud sexual para adolescentes debe mantener una postura neutral, lejos de ser calificada como “moralista”, teniendo en cuenta siempre las diferentes sensibilidades sociales ante la sexualidad. Pero, ¿es posible ser neutral en esta materia?

Se puede afirmar que existen dos posturas antagónicas respecto al modo de entender la sexualidad. En un extremo estaría el sentimiento de que la sexualidad se debe ejercer de modo libre, sin ataduras ni compromisos. En la contrapartida a esto, se situaría la idea de que los actos sexuales se deberían realizar en un contexto de amor, lo que implicaría lógicamente un compromiso, ya que no se entiende fácilmente un “amor” que sea de usar y tirar. Por todo ello, es difícil asumir que realmente se pueda mantener una postura estrictamente neutra al promover estilos de conducta sexual. O se acepta promover la estabilidad en las relaciones sexuales de nuestros jóvenes o se estará cayendo insensiblemente, aún sin proponérselo, en promover conductas de sexo entendido como un acto lúdico más, sin compromiso y sin amor.

La prevención realista

Debido a esto, el amplio grupo de expertos que, como expresión de un importante consenso, firmaron un artículo publicado en The Lancet bajo el título “Ha llegado el momento para una actuación conjunta en la prevención de la transmisión sexual del HIV”, optaban por desideologizar el debate sobre estrategias de prevención, en principio aplicables al sida, pero también extrapolables a actitudes y comportamientos de riesgo en cualquier actividad sexual. Mencionaban que una política sanitaria realista de prevención de infecciones por vía sexual debería incluir la promoción de la abstinencia entre los jóvenes sin pareja estable y de la fidelidad entre parejas estables ya constituidas, además de la promoción del preservativo para aquellos que ya hubieran optado decididamente por la promiscuidad.

Al igual que ante cualquier riesgo de epidemia, se intentaría así frenar su expansión disminuyendo el tiempo de exposición a los posibles agentes causantes de la infección y, simultáneamente, disminuyendo el número de posibles contactos capaces de propagar el agente infeccioso. Esta línea de actuación propuesta, básica ante cualquier riesgo de transmisión de enfermedades infecciosas, no ha sido aceptada en nuestro entorno cultural. Sin embargo, no se han dado razones sanitarias, epidemiológicas, para rechazarla.

En el mismo sentido se ha manifestado la Academia Americana de Pediatría, la cual, a través de su Comité sobre la Adolescencia, elaboró recientemente un informe incluyendo entre sus recomendaciones “promover la abstinencia sexual entre los pacientes adolescentes en el momento apropiado” para conseguir disminuir situaciones de riesgo. Posteriormente, este mismo Comité ha aportado nuevas reflexiones sobre la influencia de los medios de comunicación en la sexualidad de la adolescencia concluyendo de modo bastante realista que parece imprescindible buscar la colaboración de los medios en la promoción de actitudes saludables como la abstinencia y la fidelidad en los adolescentes. Estos postulados, no se ofrecen desde ninguna postura ideológica o religiosa preconcebida, sino que se argumentan exclusivamente en base a motivaciones de prevención en salud pública.

Un clima social favorable

Sin embargo, no se debería caer en posturas demasiado simplistas o excesivamente optimistas, asumiendo que bastaría con promover la abstinencia sexual entre los jóvenes, mediante slogans atractivos en carteles publicitarios, para que el comportamiento de éstos cambiase en un importante porcentaje, lográndose así disminuir las tasas de abortos, embarazos no deseados o ETS.

Para maximizar las posibilidades de éxito en la prevención de actitudes de riesgo promoviendo un ejercicio responsable de la sexualidad, se deberían intentar actuaciones en un doble plano: la formación a nivel educativo (involucrando tanto a profesores como a los propios padres de los adolescentes) y la creación de un clima social favorable (cooperación de medios de comunicación, agentes sociales, apoyo político institucional).

Respecto al clima desarrollable cara a cara con los adolescentes, tanto en la escuela como en las familias, parece básico señalar que sólo una educación integral en valores puede aportar el marco apropiado para que se comprendan conceptos como la lealtad en las relaciones de pareja, el respeto hacia la otra persona, el autodominio en el control de la afectividad, la aceptación del compromiso como un valor positivo, la apertura hacia la entrega que supone aceptar una gestación, etc.

En este sentido, se deberían propiciar encuentros con los padres para encarar posibles dudas sobre la educación de los hijos adelantándose a problemas futuros. Se intentará así fomentar la madurez afectiva del adolescente, intentando prevenir que las primeras relaciones sexuales obedezcan a presiones del grupo que le rodea, por seguir una moda más o menos impuesta pero no deseada o como consecuencia de situaciones de alcoholismo o consumo de drogas de fin de semana. Este último tipo de relaciones compulsivas, precipitadas, realmente no reflexionadas, son las que pueden con más facilidad dejar secuelas psicológicas o dar lugar a embarazos no deseados, de los cuales un importante porcentaje acabará engrosando el número de abortos ya existente.

Esta visión integradora de la sexualidad debe ser respaldada por la sociedad para no crear un clima de esquizofrenia intelectual entre las enseñanzas recibidas en el entorno próximo del adolescente y lo que se percibe a través de otras fuentes de información. De esto se deriva una gran responsabilidad para los poderes públicos, que pueden propiciar un clima favorable a un ejercicio responsable de la sexualidad o favorecer que se considere como una simple actividad lúdica más. El diseño de campañas de salud sexual donde se recuerde a los adolescentes que “las relaciones no son un juego” puede favorecer la aceptación de normas de autocontrol por parte de los jóvenes, al crearse un clima favorable para ello, del mismo modo que se ha propuesto en relación con el abandono del tabaquismo o del consumo de drogas.